Hoy no, todavía no


Buenos días 
Buenos días dormilona, aquí estoy, no me ido y no me voy a ir
La voz que escuchabas en tu sueños era yo
Te cante algunas canciones, discúlpame si he olvidado la letra, 
Te leí algunas poesías, la Biblia y incluso la prensa
Tu rostro se tornó un poco molesto cuando te hable de política, pero quien no.

Toda la noche espere un sonido, un quejido, unas pestañas mariposeando
O que tu mano apretara un poco más.

Pero ya esta amaneciendo, la luz empieza a mostrarse en tu rostro, te lloro justo antes de amanecer, entre la sombra y la oscuridad, porque sólo ahí, estoy segura que no me escuchas.

Son las 5:00 y finalmente tus ojos empiezan abrirse, pronuncias mi nombre como preguntando si estoy, presionas mi mano, y te digo, aquí estoy no te e dejado.


Respiras profundo, y es entonces cuando inicia mi travesía de hacerte un mundo mejor.

1.desayuno caliente en la cama, disfruto como respiras, como me miras agradecida, porque finalmente aprendí a cocinar.

2. Un baño con agua tibia y tus ojos tiernos al mírame, cuando te coloco la toalla, esos ojos me hacen llorar.

3. Salimos al jardín, y aunque te he preguntado mil veces el nombre de todas las plantas lo vuelvo hacer, para recordarme de que son tuyas y cuando no estés las cuidare.

4. Te pregunto de tu juventud, para recordarte que pese a todo has llegado hasta acá. 

5. Me inventó historias de mi vida, de mi trabajo, que aunque no son ciertas te mantienen entretenida.

6. Vemos fotos de mi niñez, y te bombardeo de preguntas, pues sólo tu conoces a cabalidad quien fui en mi esencia primera.

7.llegan tus nietos, y mágicamente el dolor desaparece, tu ojos vidriosos me dicen que los vas a extrañar, te duele no tener fuerzas para levantarlos en tus brazos.

8. La pasamos mal

9. Te empiezas a cansar, el dolor empieza a pasar factura, la noche se hace cada vez más oscura.

10. Te recuerdo de nuevo que eres la mujer en la que me quiero convertir.

11. Pienso en todas las cosas que me faltaron por decir, y conforme el sueño te alcanza, corro para decírtelas hoy.

12. Cuando término, acaricio tu cabello, y canto, esas canciones de las cual olvidó la letra,  no importa, ya te dormiste, prometo que las voy aprender mejor.

13. Cuando duermes, con mi mano en tu mano, lloro por dentro, pidiéndote, que despiertes mañana. 

Quise grabarte en mi memoria, para siempre, tatuarte en mi alma, hoy,  pues aún no se sí abra mañana.

Y sí mañana existe, te voy a leer esto, o te lo diga al oído al alba, para que entiendas, que aunque te vayas, no te vas,que aunque no estés, te quedas.


Y cuando ese día llegue.
Ahí voy a estar
Velando tu sueño
Agarrando tu mano
No tengas miedo

No te vas, no me voy

Aún no
Aún no.

El Viaje


Además del camino que era hipnotizador, una línea amarilla que se hacía consecuente, de noche se transformaba en un punto de foco una luz y cuando iniciaba a cerrar mis ojos, era un camino una huella que dejaba la realidad ante el posible surrealismo de mi sueño.

Los caminos cada vez se hacían más diferentes, las calles más solitarias, la gente se veía más cansada, mi frente tocaba la fría ventana y mi hombro se recostaba sobre el borde, apreciaba los paisajes, esas inmensas montañas, la cierra madre imponente, los cielos azules arrepentirse a medias tarde tornándose naranja, hasta quedar todo totalmente oscuro, la luz plateada de la luna brillaba en mi cabello, y entonces inicie a buscar las estrellas de perfil, vi como los días pasaban en un bus, como la noche y el día se hacían uno en el mundo, vi las fronteras divisorias ser simples burlas del ser humano.

Lo ridículos que se veían las personas dividiendo con una línea imaginaria a los que éramos iguales, y las personas, las personas con sus acentos, con sus rostros todos iguales, pero diferentes, todos con la misma vida en diferente lugar, los pobres siempre eran los pobres, y los ricos a quien le importan, yo vine para esto.

Para convivir con ellos, con los que me veían a los ojos, con los que sonreían contra todo pronóstico, los veía en el camino, pasaban junto a la carretera, cargando carretas, caminando descalzos, su rostro estaba quemado por el sol, su ropa no era ostentosa, pero sus paisajes eran envidiables.

Cada vez más la idea de una frontera política me indignaba, encontraba en todos similitudes, cada vez que se me pedía mi pasaporte lo asimilaba como una herramienta divisoria excluyente creada por aquellos que no piensan que juntos somos más, en las fronteras éramos otros, y nos trataban como otros, pero llegando a las ciudades, que son más pequeñas de lo que todos cuenta, nos encontramos a los nuestros, a los que nos reconocían y trataban como uno, cuando amanecía nos enfrentábamos a las calles, a los bulevares, a los buses.

En el Salvador encontré que a pesar del mundo americanizado que los envuelve, desde el mirador, ahí se encuentra su corazón, en ese lugar una salvadoreña nos enseñó su país, estableció las fronteras comerciales, económicas, sociales y físicas justo después de decir, “este es mi pequeño país”. Cuando iba anocheciendo conocimos sus seductoras carreteras hacia la playa, una piedra gigantesca a la orilla de playa nos dijo que estábamos en el Tunco, ahí nos sentamos, compartimos historias y formas de hablar, aunque nos reíamos de las diferentes pronunciaciones, todas las risas se entendían sin acento.

Cuando el sol todavía no aparecía, nos encontramos de nuevo en el bus, el frió de la madrugada nos llevó al sueño del viaje, me desperté antes que amaneciera y vi como el sol cubría a las grandes llanuras verdes con una delgada capa de luz, que despertaba gentilmente a sus pobladores, el silencio manifestaba una sensación de paz y ser cómplices de la naturaleza y conmigo misma, era difícil creer que en esos mismos lugares boscosos se había librado una guerra civil, que en esos mismo lugares el mundo se había vuelto frio y oscuro,

 ¿Cómo se podía pelear en el paraíso?



Entonces como el Quijote de la Mancha pensó  alguna vez encontramos a gigantes, pero tan solo eran molinos de viento, ya me habían contado que cuando los viera cerca de la carretera era un símbolo de que Nicaragua estaba acercándose. Por lo tanto suspire y abrí los ojos ante este imponente paisaje, así como amaneció así también la tiniebla inevitable volvió aparecer, después de 10 horas llegamos a una Nicaragua de luz.

Un monumento luminoso de Hugo Chavez hacia su aparición junto con miles de árboles amarillos brillando alrededor del camino, como embelleciendo el rostro de la noche, así como en el mapa, estando ahí, me dio la impresión que Managua era un país alargado de largos caminos, esa noche era de fiesta y conocimos el ojito del mapa, el lago, todos bailaban y comían alrededor del malecón, nos contaron historias de su vida, del lugar pero más nos contaron de nosotros, y nosotros escuchamos atentos la perspectiva de ellos hacia nosotros, nos hablaron de un pequeño pueblo que existía cerca, es de origen colonial y se llama Granada, al siguiente día una Managua de sol nos evocaba una época revolucionaria, imágenes de Sandino como representante mayoritario del pueblo aparecía en edificios, grafitis y monumentos, Managua tiene color a política.


Así fue como nos aventuramos a un pequeño pueblo, en bus del pueblo, donde tenía un olor a humildad y esas sensación de incomodidad cómoda que solo la pobreza de un pueblo es capaz de dar, en la alargada Nicaragua había un calor húmedo, en medio de la carretera donde todo era verde excepto la línea de concreto por la cual nos transportábamos, se asomaron una gotas de lluvia, vimos entonces como la lluvia caía de lado, con el ligero sentimiento de querer llegar a un lugar que no se conoce, estuvimos pendientes todo el camino y entramos a una ciudad colorida, de casas azules, rojas, amarillas, una iglesia hermosa donde nos hacían recordar las presencia española que nos dejó sus fantasmas en la arquitectura de nuestra Latinoamérica, ese pueblo, lo recorrimos en bicicleta, nos sentamos en las baquetas, caminamos por el parque, en la noche se tornaba color fiesta, los colores de las casas desaparecían e iniciaba los amarillos oscuros, las luces de un pueblo que apenas quiere ser notada, la música se escuchaba por todos lados, cuando uno caminaba por la calle principal notaba que todos sonreían y es inevitable decirle a un guatemalteco que no lo haga, así  que caminábamos por las calles empedradas de Granada, sonriendo con todo el mundo y como es de esperarse todo el mundo nos devolvía la sonrisa.

En el parque comimos un Bigoron, comida tradicional y platicamos acerca de nuestra siguiente parada Costa Rica, de pronto a la par nuestra escuchamos esa “R” arrastrada inigualable de origen costarricense y ese inigualable calor humano de dos latinoamericanos comentando de su viaje, al igual que nosotras en tierras lejanas en casa diferentes, los abordamos con preguntas, les preguntamos por el aeropuerto, por el bus, por los lugares, por la vida, parecían saberlo todo, en ningún momento dejaron de sonreír, nos explicaron a cabalidad, y para agradecerles le extendí la mano, el vio mi mano y sonrió por un lado, me dijo porque te despides como extranjero, aquí todos somos latinoamericanos, me extendió los brazos y lo abrace irremediablemente, a él y a su bella acompañante colombiana, les dijimos que más tarde íbamos a salir, ellos afectuosamente aceptaron nuestra invitación, las horas pasaron y nos encontramos en la calle de las sonrisas, junto a un mexicano que nos hizo reír con piropos tan apropiados para ellos, dos alemanas hermosas que admitieron que si algo iban a extrañar de Latinoamérica iban a ser los piropos, una colombiana que sin saberlo nos había comprado un mojito, y el costarricense que era de esas raras mezclas entre escritor y antropólogo, nos recitó poesía, les recite poesía, y ya que estábamos en Nicaragua no podía faltar los hermosos versos de Darío que se deslizaron por mi lengua hasta esa noche,  todos hablamos de las ausencias de diferencias entre los latinoamericanos, un alemán nos enseñó a contar en su idioma, el tiempo era extranjero pero ellos eran latinoamericanos, esa noche entre nacionalidades inciertas todos teníamos un pasaporte con una bandera diferente, pero un corazón, que hizo memoria, ese día todos brindamos por una América unida, sin distinciones, raciales, sociales o políticas y levantamos nuestro mojito con sabor a Cuba.


De madrugada nos dirigimos a Costa Rica, este viaje ya había sido inigualable, mi corazón estaba marcado por todos los que hasta ahora habíamos conocido, llegamos a Costa Rica a las 4 de la tarde un señor se ofreció a compartir un taxi con nosotras, cuando le intentamos pagar no acepto el dinero, así confundidas en la parada de bus por el cambio de moneda una joven de pelo rubio nos dijo cuál era su
denominación económica, nos prestó un celular y nos subió al bus que teníamos que ir, Costa Rica nos abrazó con su gente, al llegar a nuestro destino Puerto el Limón otro viajero nos llevó a mostrar su pueblo, un pueblo pequeño un poco descuidado pero igualmente hermoso, ahí en su casa junto a su  familia nos hablaron de su vida, nos sentaron a la mesa con ellos, incluso compartimos anécdotas del viaje, la comida deliciosa, su madre peruana hacia que los alimentos tuvieran sabor a su país.
Por la mañana nos dirigimos a la playa, ya nos habían contado que un terremoto previo había sacado el coral a la superficie, pero lo olvidamos un error que pagaríamos caro, la ola nos arrastró, como pudimos salimos a la superficie, no sin antes darnos cuenta de  los golpes que habíamos recibido por olvidar un consejo que hubiera sido muy útil.
Una familia se acercó, tres pequeños niños nos empezaron a cuestionar, nosotras jugamos con ellos, nos contaron de donde eran, nosotros también, e inesperadamente, la abuela de los niños nos había comprado almuerzo y juntos, esa tarde frente a las olas a la orilla del arrecife criminal, esa familia nos recordó que en Costa Rica la familia sabe igual que en Guatemala.



En la parada de bus, conocimos al personaje más vistoso de todo Puerto el Limón un hombre afrodescendiente de unos 50 años, su vida nos la conto mientras esperamos un bus que al final no fue necesario pues caminamos,  él nos llevó en un tour por todo su pueblo, nos contó su trabajo, bajar cajas de banano de los barcos Estadunidenses, me conmovió su historia y me hizo pensar en la de mi país,  pocas cosas han cambiado dije, el poder ahora se encuentra en las manos de aquellos que no lo pueden apreciar.

Nos sentamos en el parque mientras veíamos a los perezosos en los árboles, para ese entonces ya me había percatado que el coral había hecho estragos en mi pie y que apenas podía colocarlo recto sobre una superficie, pero entonces mi compañera de viaje valerosa me dio esperanza, compramos medicina y seguimos nuestro camino ante otra central de bus donde conoceríamos una playa más hermosa aun, Puerto Viejo.

Sentada y adolorida pregunte que bus nos llevaba, una señora afrodescendiente nos dijo que era el bus verde y que ella también iba en él, su acento parecía de origen garífuna aunque probablemente este equivocada, cuando entramos al bus pensábamos que no había lugar, cuando nos percatamos que ella había colocado su humilde bolsa de paja, para guardar dos lugares junto al de ella, nos habló todo el camino, no enseño los distintos pueblos, nos contó de que trabajaba, la plática solo se vio interrumpida por un suceso familiar, a la orilla de la carretera un hombre boca abajo daba su último espectáculo al mundo, la muerte, no estaba conmocionada, en mi país eso se veía seguido, pero hizo darme cuenta de una realidad, en todos lados morimos igual, la violencia se hacia parte de mi sangre, de mi pueblo, de mí.

Puerto Viejo es un pueblo caribeño donde la cultura Rastafari reina, el hostal donde nos quedamos era de una familia colombiana, por unos cómodos 12 dólares teníamos donde dormir, esa noche conocimos el pueblo a tientas, pues estaba oscuro, un pequeño niño de cabello rubio pero de piel morena hijo de un italiano y una lugareña nos acompañó a la mesa y nos dijo que su nombre era Atún a lo cual su madre corrigió con risas “Aton”.


Sorprendentemente despertamos en el paraíso, la playa está frente a nosotras y su color era celeste, el movimiento de las olas era poesía espumosa, tierra surfers y arena blanca nos inundaron el día, un sendero selvático nos llevó a un risco donde el mar se violentaba con la roca como dos amantes reclamándose amor, el atardecer nos alcanzó en la playa y nuestras bicicletas nos llevaron en la carretera hasta el anochecer,  donde teníamos que ser cuidadosas ante los carros que atravesaban su luz delante de nosotras, llegamos a un restaurante que estaba a la orilla de la playa, el mar se convirtió en plata y la luna sobre nuestros cabellos oscuros era gris, no sé cómo,
terminamos en
una mesa con una pareja de costarricenses de ciudad y un canadiense, nos ofrecieron su comida, y entonces me preguntaron qué sabia de los Mayas, les conté todo lo que pude, fascinados me escuchaban mientras todos se divertían, les conté de su Nahual y se emocionaban, cuando escuchaban algo que les gustaba me estrechaban la mano y abrazaban, como rememorando lo que nunca fueron.

De regreso a nuestro hostal se nos perdió el tiempo, ya estaba amaneciendo y un inglés tocaba en el restaurante de arriba y todo parecía un sueño del cual aunque sabíamos que teníamos que despertar no lo queríamos hacer.

El viaje no acaba y las personas son interminables dos españoles con los cuales compartimos ruta, un canadiense que era lugareño, una italiana y un argentino que nos hicieron pizza, un taxista que nos habló de la modernidad de la ciudad, un brasileño que iba a ver a sus nietos, el viaje siguió pero es en la carretera donde me enamore de la ruta.


Esas líneas paralelas que nos llevaron a miles de lugares inciertos e inimaginables, tan hermosos tan diferentes, el tiempo era nuestro enemigo el cual vencíamos con el transporte. Los recuerdos me embriagaban y la vida estaba pasando junto a mis ojos y la estaba tomando en mis manos, sosteniendo como una caña de pescar donde el hilo se iba y no tenía intención de tensarlo, estuvimos en todos los lugares, donde no vivíamos pero vivimos, de donde no éramos pero pertenecíamos.




Aprendí que la vida se cierra como mis ojos en la carretera, pero hay que saber despertar en el paraíso que queremos, un viaje como este despierta la conciencia del ser humano, transforma criterios y te despierta ante la posibilidad.


Mis amigos, mis países, mi gente.


Los Globos Azules

Al leer una actividad que se dio en un seminario de felicidad decidí implementar esas ideas en el salón de clases, me he encontrado que motivar a niños de diversificado muchas veces es extremadamente difícil, por lo mismo los involucre en una dinámica que buscaba formar su carácter, este es un mundo de batallas pensé, así que les di un globo azul a cada uno y les coloque su nombre, les pedí que colocarán su globo al frente de la clase y que salieran del salón, 25 alumnos  yacían fuera del salón inquietos y ruidosos así que levante mi voz y les pedí que en menos de 3 segundos a mi orden corriera cada uno a tomar un globo dentro del salón lo más rápido posible, sin importar el nombre y se ubicaran en sus lugares con el globo en alto.

Entonces procedí,  conté hasta tres, uno, dos y  cuando estaba a punto de decir en numero tres, los alumnos ya se habían abalanzado sobre la pequeña puerta de madera del salón, se empujaban unos con otros por ser el primero en tomar el globo.

Pasaron 5 segundos cuando me percate que mi salón, estaba repleto de alumnos quejándose por los empujones, cansados, pero que cada uno poseía un globo y lo tenía en alto, perfectamente sentados en su lugar, reían y comentaban lo difícil que había sido el proceso de atrapar un globo. 
Así que después de escucharlos les dije: -Lean el nombre que cada globo posee y acérquense a esa persona, su trabajo es darle un fuerte abrazo, desearle feliz día y devolverle el globo-.

Mientras veía como todos se abrazaban, me sacudió un sentimiento de calidez, pensé para mi  -¡Algo estoy logrando!- entonces les explique que cada globo simbolizaba la felicidad y que muchas veces en la vida nos íbamos a topar que en busca de nuestra felicidad muchas personas se iban a interponer puesto que ellos buscaban la propia, por lo tanto muchas veces hay que aprender que nuestra felicidad se encuentra en las manos de otras personas, y por consecuente la felicidad de muchos se encuentra en nuestras manos, por lo tanto siempre es importante ver quien necesita nuestra ayuda, porque alguna día nos enteraremos que la felicidad de otros se encuentra en nuestras manos y nos preguntaremos si estamos dispuestos a dar ese abrazo.

Para finalizar les dije: -Por el día de hoy, ese globo simbolizara su felicidad así que lo guardaran y cuidaran de el por el resto del día-.
Me encanto ver a mis alumnos paseándose por los pasillos de la institución con el globo azul, algunos lo amarraron a sus bolsones, otros más cuidadosos los llevaban en la mano, las niñas los decoraron, pero todos cuidaron de él, muchas veces se toparon con dificultades, cuando los otros intentaban reventárselos,  algunos maestros les prohibían la entrada al salón con globos debido a la formalidad de la clase, estos se veían obligados a reventarlos o guardarlos en otro lugar.

En el transcurso del día me deleite viendo su lucha constante por cuidar su felicidad, pero una situación llamo mi atención, mientras un alumno realizaba un examen coloco su globo azul en su brazo izquierdo, el examen era de matemáticas por lo tanto en su afán de encontrarle solución a tantos números, olvido que su felicidad estaba en su brazo izquierdo, así lentamente el viento de la ventana lo empujo fuera del salón, una niña al percatarse de que la felicidad de su compañero salía por la puerta le grito: -¡tu felicidad se escapa!- Entonces él se levantó preocupado  y me dijo ansioso


 -¡Miss, puedo perseguir mi felicidad!-

En ese momento mi mente y mi corazón cayeron desplomados  y le dije con un nudo en la garganta: 


-Persígala, no la deje ir.-


Pensé, ¿Cuantas veces le hemos pedido a alguien que nos permita perseguir la felicidad?



¿Cuántas veces hemos estado pendientes de que en nuestra vida diaria la felicidad sea constante y hemos tratado de preservarla intacta durante el transcurso de los días?
Es un día bueno cuando un alumno aprende de un maestro, pero es un día glorioso cuando un maestro aprende de su alumno, esta situación me lleno de alegría y emoción, pues finalmente me convertí en ellos, consciente de que debía cuidar mi felicidad como ese globo azul.


 presurosa a mi destino me sentí con esperanza ellos me enseñaron que la razón de mi día, debía ser feliz.


Mortalidad de la Conciencia

Ella se vestía rápidamente mientras el dormía, justo antes de verlo siempre se resistía ante la idea de caer entre sus brazos y justo después de verlo caía irremediablemente entre sus labios.
Aunque en el destino es ingeniosa a la hora de unir dos vidas, estos dos se habían conocido de una manera muy casual, Él la quería conocer, toda su vida busco alguien como ella, el día que se encontraron cara a cara no se resintió, una segmentación de palabras se desarrollaron de su lengua, él sabía que ella entendería, ella sabía que él había esperado toda su vida para hablar.
Ella escucho detenidamente, el hablo
El sabia de la existencia de ella, por la noches la soñaba y en las madrugadas su rostro traía la mañana, no sabía su nombre pero la sabia a ella, las demás personas hablaban de ella como si fuera otra, pero él sabía que era la misma con la que había agonizado su existencia. Cuando pudo conocerla sintió que de nuevo recuperaba su intención sintáctica, morfológica, adyacente, sustancial, su filosofía innata, su conocimiento adquirido, sus poemas de memoria, los prólogos dudosos, las obras de arte roba almas, sintió que toda aquella formación intelectual que había adquirido toda su vida finalmente se podía desbordar en un abismo de razonamientos fundamentados y que de pronto ella, ella iba a presentar un argumentos en su contra, que ella iba a refutar su idea.
EL era la tesis, ella la antítesis y el amor era la síntesis
Las palabras se comieron la tarde, y ellos no se dieron cuenta cuando la vida les paso por encima,  el intento poner la situación romántica, ella intento seducir al seducido, las palabras tuvieron una metamorfosis material se convirtieron en un aroma irresistible que perfumo la habitación, estaban inmersos en un éxtasis de voz.
Se entendían tan bien que se empezaron a leer la mente, ya ni las indirectas seductoras fueron necesarias para que el colocara su mano en su rodilla, ni el sonrojo de mejías se asomó para que ella se dejara.
Esa noche con su razonamiento lógico y su creatividad literaria
Juntos hicieron poesía.
Esa mañana cuando se vieron a los ojos, habían perdido su poder, ella había agotado todo sus poemas, él había deshidratado todos sus argumentos, se convirtieron en mortales.
Sabían lo mismo que todos, el resto del mundo los veía con intriga, pues de esa imagen retorica que es el amor de lo que ella tanto había escrito y de lo que el tanto había soñado eran unos tristes IGNORANTES
El amor lo humanizo
No sabían
No entendían
No aprendían
Pronto se encontraron repulsivos, ni todos los libros del mundo podía hacer que entendieran ese extraño sentimiento de efusividad, caminaban en campos minados donde cada sentimiento los retaba a una muerte de ignorancia.
La mañana entonces se nublo así como su conciencia, pues la necesidad de saber era más profundo que el sentimiento de querer y antes de tomarse de la mano de nuevo, ella entendió que poseía una necesidad de enseñar y que él ya lo sabía todo.
Entonces al saber que al final de sus vidas no había nada nuevo se sintió libre para hacer todo.
El necesitaba a alguien a quien enamorar con sus versos, necesitaba un rostro que se sonrojara con palabras, alguien que lo pudiera admirar y que por dentro se preguntaba  como sabrá tanto.
Esa mañana los dos entendieron que su mente hacia una infusión mortal, pues conociendo todo les quedaba muy poco por descubrir, salieron al mundo en busca de otros que no supieran nada.
El encontró a una joven pendenciera de la ilusión, creía cada palabra y dudaba nada, perfecta para él, cuando él hablaba ella no entendía y lo callaba con un beso, por las noches mientras el escribía ella se colocaba en su hombro y a falta de comprensión de sus textos comenzaba a besar su cuello.
Ella en cambio encontró a un hombre de mayor edad que dudaba de su conocimiento, entonces ella podía sorprenderlo de vez en cuando, cuando ella iniciaba un argumento el accedía ante su reproche y le tomaba la mano, cuando él hablaba de negocios ella recitaba una breve frase de sus libros que provocaba que el bien vestido y acaudalado hombre la besara en la mejía.
Pero de vez en cuando, guardaban frases, libros, dudas para encontrarse ilícitamente en una habitación perfumada de palabras irresistibles  y acribillarse con preguntas y someterse a respuestas, como los dos poseían amores formales al principio iniciaron una conversación formal, pero cuando las palabras empezaban a volar junto con los poemas, versos y la conversación se tornaba acalorada su formalidad fue perdiendo la vergüenza, hasta quedarse desnuda delante de ellos, pero ya no esperaban que amaneciera, cada uno regresaba antes de convertirse en mortal aquellos que los  convertían en dioses.
Pero la culpa perseguía su conciencia, pues para ella el amor solo poseía una cara y para èl el amor solo poseía un cuerpo.
Entonces ella se preparó para despedirse, y le escribió una oración que lo haría sobrevivir lo que le quedaba de vida.
El al despertar vio que ella ya no estaba, pero encontró un papel del lado de su cama, lo abrió lentamente, y lo leyó en voz baja “En los sueños de Jung” el entendió que si encontraba en su subconsciente algo que lo haría dudar, seria ella recordando su poesía.
Se vistió y respiro por última vez el aroma de las palabras

Y regreso a su vida, sin ella.

¿Quienes son ustedes?

Me vi abordada cuando me preguntaron ¿Quiénes son ustedes?

Entonces respondí:

Somos todos, los míos son los que se despiertan antes que salga el sol.
Los que aunque caminen descalzos no conocen la escasees
Son los niños que se levantan de madrugada y caminan kilómetros para llegar a la escuela
Muchas veces los míos no tienen la cara limpia, pero su corazón no tiene mancha
Los míos no conocen, pero intentan
Los míos son aquellos que los demás dicen, “los otros”
Los míos responden a su identidad cultural y se les mira con desprecio
Los míos son de corte y de caites
Los míos no viven con rencor, pero respetan el pasado
Los míos saben sonreír y su sonrisa es sobreviviente
Los míos no critican, no alzan la voz, no discuten, pero saben luchar
Los míos han permanecido por siglos, han sido rescatados y rescatadores
Los míos son sobrevivientes y han estado en las buenas y en las malas
Los míos son tristes, pero luchan por ser felices
Los míos viven aquí y no anhelan estar allá
A los míos los golpearon, pero su orgullo sigue en pie
Son los presos, los exiliados, los rechazados
Los que han aguantado golpes de palabras y permanecen 

Ellos son los míos y yo me debo a ellos, a los que dicen TODOS y no hacen fronteras, lingüísticas, raciales, políticas o económicas.

Y al meditar un poco más, ante esta pregunta tan faustosa la veo usted fijamente a los ojos y le digo, usted, usted que marco con énfasis esa pregunta, para marcarme un parámetro equivoco, a usted le digo, usted es de los míos.

Pues habla de todos, pero es de todos.

No existe aquí nadie que no pertenezca, solo algunos que no están dispuestos a aceptarlo.



Foto Carlos Ovalle