Sobre Exposición

Se basaba en su lente, a eso se dedicaba, veía al mundo entero a través de una unión de lentes magnificados, veía al mundo por segmentos, por capsulas de tiempo estático.
Caminaba por las calles con esa máquina del tiempo en las manos, prejuicioso, con la mano izquierda en la bolsa, y la otra en el botón de clic, eran raras las cosas que captaba su atención y cuando lo hacía sacaba de inmediato la mano de su bolsa y al compás de sus ojos iniciaba a disparar flashes a quemarropa.

Él vivía de los ayeres, vivida de congelar el tiempo, de sonrisa y lágrimas, de contar historias sin decir una sola palabra, sus fotos eran un pedazo de tiempo con lujo de sentimientos, una lagrima antes de posarse en la mejía una sonrisa antes de perder su timidez.

Y por supuesto hizo de su trabajo el amor de su vida, su mundo, se enamoraba a diario de sus clics, de su sobre exposición, de llevar en la memoria de su cámara un poquito del mundo.
Las noches como hoy salía a buscar el cielo, a posarse en lo alto de las nubes, buscaban una ciudad callada, con suspiros secretos, lágrimas y pecados silenciosos, sospechaba que las fotografías a esas horas de la madrugada captaban gritos y silencios entre la luz.

Desde lo alto diviso a una mujer de rojo y conforme se movía pareciera una luz embarrando la ciudad, agitándose por las calles oscuras, una luz que lentamente se convertía en fuego, que con movimientos diagonales armaba un espiral de rallas luminosas, y se enamoró de la imagen, en ese momento sintió una necesidad de alcanzarla con un clic, de poseerla de guardar un pedazo de ella con él, así que de un cuarto nivel bajo presuroso y extasiado por las gradas, en el último escalón, tropieza, pero casi inmediatamente se vuelve a levantar, esta agitado, pero con la cámara en la mano, sus ojos la buscan, sus manos tiemblan.

La necesita
Se apresura a la esquina que ella cruzo, entra a un pequeño bar de puerta roja y la busca aunque le ha bajado a sus movimientos corporales, su corazón aún sigue palpitando, se toca el pecho como con necesidad de calmarse y de nuevo inicia su búsqueda, observa sobre la cabeza de todos, se estira para encontrarla empieza a sudar, se toca la frente, se para sobre una rejilla a la orilla del bar, está apunto de rendirse, decepcionado de sí mismo y con la angustia en la garganta ordena algo de beber, enciende su cámara y observa su última foto, ese vestido rojo que atraviesa la ciudad como fuego, tenía cabello negro y largo que hasta parecía parte de la noche, justo cuando levanta la mirada de su cámara, la ve ahí estática sonriendo y por causalidad o juego la música del bar calla.

Él se acerca como en cámara lenta se elabora una secuencia de fotografías, en su mente ya encontró el foco, la luz, el marco.
La cámara cuelga de su cuello pero la sostiene con una mano, trata de llegar hasta ella aunque es casi imposible, después de luchar contra la aglomeración se encuentra frente a frente, no sabe que decir, la ve sonrojada su piel blanca, su cabello negro, su vestido rojo, junto a las luces del lugar hacen la fotografía perfecta un contraste ideal.
Los dos extraños se encuentran frente a frente sin decir nada
Ella le sonríe
El levanta su cámara y hace el primer clic, el segundo, el tercero y hasta el cuarto.
Ella se encuentra incomoda o aturdida, inclina la cabeza y con un movimiento de su brazo coloca delicada y lentamente su mano sobre la mano de el
El no resiste, baja la cámara y con un movimiento acelerado la toma de la cintura y la besa.

EL Beso:
Detuvo el tiempo, se dan una exposición de miles de partículas de color al mismo tiempo, un flash instantáneo los nubla y se escucha en el fondo el inicio de una canción, ya son otros, se empiezan a pertenecer, y lo peor de esta situación no es besarse si no dejar de hacerlo.

Son segundos que tienen horas de sentimientos, de pasión
Se sueltan, ella aun lo tiene de la mano, El la suelta lentamente y vuelve a tomar la cámara, la mira por última vez y sin decir una sola palabra se desliza por toda la orilla de la barra para salir del lugar.

Tiene paz

No sonríe

No demuestra ninguna emoción esta anonadado inescrupuloso

Confundido

Con fuerza sostiene su cámara y camina por la ciudad a paso lento, su ritmo cardíaco vuelve a la normalidad, sus pies se hacen pesados, su camino cada vez más oscuro, llega a su edificio, sube al elevador sus hombros se sienten cansados no piensa en nada
No siente nada

Llega a la terraza se sienta a la orilla del balcón
Respira por 3 segundos y observa otra vez la noche, aparentemente silenciosa
Toma la cámara para observar la foto, de pronto su rostro cambia, se suaviza su mandíbula y sonríe por un lado, se toca la cabeza con la mano izquierda y suelta un suspiro, se muerde el labio y ve de nuevo ve a la ciudad, no lo podía creer, lo invade un sentimiento de satisfacción e incertidumbre, siente el viento de la madrugada sobre sus mejías se lleva las manos a la boca como si quisiera impedir decir algo, pero aun con esa sonrisa suave en sus labios, observa de nuevo todas las fotos  y su orgullo se derrite ante tal hallazgo aquel gran fotógrafo no es nadie, su cámara no es nada, ante una foto fuera de foco, desenfocada, apenas y se notaba su cabello y el vestido se opacaba su rostro a pesar de que el la recodaba estática salía movida.

Aquel gran fotógrafo se convertía en nada ante su encuentro con el amor
Coloco ambas manos sobre su cámara dijo:


La tengo que volver a ver.


Foto por: Pauli Catalán

La Frontera sin Coyote

Aquí las cosas no van bien, es mas siempre van peor, la carga de la vida cada vez es más pesada, me duelen tanto los hombros que ya se cansaron de sangrar y lloro porque aunque no puedo alimentar mi cuerpo, puedo alimentar mi alma.

Nunca tuve sueños o ideas para el futuro, solo sabía que tenía que despertar  y que mi misión ese día era sobrevivir, procurábamos por todos los medios  alimentarnos, uno deja de ser selectivo, y come de todo, algunos pensarían que vivir la vida entera de este modo ya me hubiera acostumbrado, que no conocer una comida caliente toda mi vida, no la extrañaría, pero usted no me puede ocultar las realidades ajenas, niños que pasan en los autos que limpio, niños bien vestidos, niños limpios, los veo con añoranza, ¿que se sentirá? Por las ventanas de los restaurantes están ustedes y no se dan cuenta de mí, nadie les dijo alguna vez, que es de mala educación comer frete al hambriento.

A veces de noche, cuando deambulo por las calles y me enfrento a la crudeza de la vida, me pregunto ¿Por qué yo? De toda la gente que vive en estas grandes casas, porque yo tuve que nacer aquí, ¿estaré pagando los pecados de mis padres? ¿Dios me estará castigando? ¿Dios? ¿Qué es Dios? Yo no sé quién es, y créanme que una vez escuche que el alimento a mucha gente, tal vez por eso me gustaría conocerlo, pero qué más da, es difícil creer en eso cuando uno tiene hambre, es difícil creer en todo cuando uno muere de hambre.

Esta enfermedad tan maldita que se cura con la bondad de la gente, a mí nadie me ha dado medicina, mis papas hace mucho tiempo que desaparecieron, dicen que mi mama era prostituta, y mi papa es marero, que asco me doy, soy lo que la gente llama escoria de la sociedad, ya no me siento mi propia hediondez, aquí se vinieron todos a vivir, pues yo me vine detrás, de todos modos, no soy de nadie, no pertenezco a nadie.

No tengo nombre

Conforme fui creciendo le aprendí  la maña a la vida, hoy a mis 13 años verdaderamente he aprendido a vivir, hacer negocios aquí, allá, es fácil robar eso ni que se diga, lo realmente difícil es vivir con el remordimiento y aunque mi abuela es lo único que tengo, ya me di cuenta que se le notan los años, su trabajo ya no cuenta y si antes nos alcanzaba para frijol, ahora ya ni el caldo.

¿Dígame qué hago?

No sé leer, no sé escribir  y no porque no quisiera, pero dígame usted que prefiere, morirse de hambre o morirse de idiota.

Hay rumores de que la vida es más fácil al cruzar la frontera, vinieron unos gringos el otro día a hablarnos de su Dios, ese que les da educación y comida a todos por igual, el de la bandera rojo con azul, sería bueno estar ahí, ¿Por qué no nacimos ahí? O mejor aún ¿Por qué nos convertimos en esto? Miseria por todos lados, aquí apesta, siempre tengo frio, siempre tengo hambre.

-Yo me voy- le dije a mi abuela un día, ándate me dijo, mejor así antes de que me mires morir.
En un bolsón metí la poca ropa percudida que tenía, y a la suerte del burro pobre, me aventure a México, tal vez no tenía mucho dinero, pero la astucia callejera me ayudo a llegar, colgado de camiones, agarrado de palanganas, así lo hacemos nosotros, el chiste es que ya tenía a donde ir.
Las fronteras son un chiste, una burla de la humanidad una separación idiota, como si no fuéramos todos de la misma especie, como que si los unos le hicieran mal a los otros, nos separan como en corrales para no mezclarnos y lo triste es ver que todos somos tan iguales.

Yo me valgo del rumor para sobrevivir, y por ahí decían que para ir al otro lado había que pagar un dineral, pero yo vivo de la esperanza (y esa no vale nada), así que averigüe el camino y me aventure solo.

Empecé a caminar en el desierto, en el camino me encontré a otros patojos, ellos huían de otras cosas, pero teníamos algo en común, a todos nos perseguían, la miseria, la desolación, la pobreza, la discriminación, la falta de educación, la soledad.

Que irónica la vida, salimos de un desierto para entrar a otro, en el que estábamos todos hablaban de nosotros, pero nadie hacia nada por nosotros, en el que estamos a punto de entrar, nadie sabe de nosotros, ni queremos que sepan, me recordé cuando llego el candidato político a nuestra colonia, lo quería ver de cerca, me acerque lo más que pude, aunque me empujaron, ofreció muchas cosas por nuestro voto, si fuera más inteligente hubiera entendido que nosotros los marginados ni votamos.
Mis pies están comenzado a resentirse, y el de los demás niños también, cuando paso la mano por mi rostro noto una capa tiesa de arena, el calor es intenso y encontramos un árbol, a lo lejos se aparecen dos hombres, yo sabía que eso no era bueno (me congele) visten de negro o por lómenos así lo recuerdo y agarran a las patojas, yo no hice nada, uno se vuelve así apático, nulo, sin intereses, cuando uno crece como yo, le da miedo sentir y no siente  y si a pesar de esto siente que no hice nada, y que por eso soy malo, deje me decirle, usted, que no hace nada, pero es culpable de todo, usted si es malo.
Una patoja no logro aguantar, la otra si, la dejamos, como recuerdo, ahí está su pecado, ojala que más de alguno encuentre sus huesos y sienta piedad por ella, o mejor aún que sienta remordimiento, eso si necesita el mundo en estos días que la gente se sienta culpable. Tanto pecador sin culpas es lo que hace la impunidad. (MALDITOS)

Llegamos al rio, ese que hay que cruzar, nunca antes había visto yo un montón de agua junta, no sé qué es nadar, tengo miedo, esperamos que todo se oscurezca y de repente noto algo que tal vez nunca había visto, el reflejo de la luna sobre el agua, está flotando y se mueve, algo nos quiere decir, me da paz.
Empezamos a cruzar y siento el agua fría inmediatamente se congela mi nariz, el agua me empieza a llegar al pecho y apenas voy a la mitad del rio, tengo miedo y estoy llorando, estoy temblando, quiero vomitar, uno puede pensar que ya es un hombre a los 13 años, pero la situación me hace sentir como un bebe de nuevo, indefenso. Ya no siento nada debajo de mis pies, el agua ya paso mi rostro, trato de mantenerme a flote, pero la corriente es muy fuerte, de repente ya no veo nada, todo está muy oscuro, no veo ni siento nada, (¿Así será la muerte?) no puedo gritar ni pedir ayuda, agito mis brazos y mis pies, algo me está arrastrando, (es la muerte) no se supone que terminaría así, ¿me voy a rendir? Y entonces dejo de moverme, soy un cuerpo sin vida, soy menos que nada, soy aire flotando en ese rio color carbón.




……………….


….


Me despierta una sed inmensa, empiezo abrir los ojos, pareciera que los tengo pegados, el sol pega en el rostro con fuerza, hasta se siente como si me diera bofetadas, estoy seco no sé qué paso, tengo más hambre de la que estoy acostumbrado, alguien grito, -aquí hay uno- intento levantarme y correr pero mis piernas desmayan y vuelvo a caer, uno de ellos me toma del cuello me dice –tranquilo mijo- me inclina para beber agua, estoy sorprendido, me pregunta mi nombre y me da algo de comer, tiene botas y sombrero, después llega una mujer ya de edad avanzada, me da ropa limpia y me coloca unos zapatos.

¿Quiénes son?

¿Por qué hacen esto?

Nunca en mi vida había experimentado la bondad humana como hoy y en estos 13 años de mi existencia hoy entiendo que es querer empiezo a llorar desconsoladamente y abraso al señor, el me abraza y llora conmigo, después de una charla larga en su carro, me dan la opción de regresarme o seguir mi camino. (Decido seguir) pienso que si regreso seria suicidio, pero si sigo mi camino, tal vez moriría pero buscando la vida.

Entonces me dan una mochila con alimento, botellas de agua, la señora besa mi frente y continuo mi camino con otros tres adultos que también habían pasado por la misma suerte de encontrarse a estas personas, el desierto es más pesado, hay más arbustos con espinas que pasan raspando mis tobillos, el sol no deja de abofetearnos, noto en el rostro de los demás manchas rojas, algunas con sangre, (son ampollas) probablemente yo también tenga, pero hace años no me veo en el espejo, ya ni recuerdo como soy.

Esta oscureciendo y es mi 4to día aquí, a lo lejos vemos las patrullas fronterizas, o “la migra” nos escondemos en una loma y desde lejos miramos como agarran a unos sin suerte y los golpean para que se reúsen a huir, ¿quién los mando a odiarnos? ¿Quién les paga por hacernos daño? De repente vemos como las luces de la patrulla nos alumbran, todos salen corriendo y tres patrullas nos persiguen, corro lo más que puedo, siento como mis rodillas se desprenden de mi piel porque utilizo cada gramo de energía en huir, me escodo en unos matorrales esperando que otro haya sido más lento que yo, ahí espero que amanezca, la noche es tan fría, que me orino encima solo para sentir un poco de calor, soy un asco pero ya llegara el tiempo de limpiarme, ahora para mí eso es un lujo.

Con el alaba de la madrugada empiezo de nuevo a caminar, estoy débil, no tengo fuerzas, ahora también tengo sueño y una fiebre que hace que mis ojos quieran salir de mi cuerpo, tal vez estoy enfermo, mi piel esta seca y empieza a descascararse, mis labios parecen hojas secas, ¿Qué estaré pagando? Voy a seguir, no me detendré, finalmente caigo desplomado en el suelo del desierto, mi corazón late muy rápido, tengo mucha sed, me cuesta respirar.

Me voy.

Dicen que mi cuerpo lo encontraron cerca de un árbol, en la morgue dijeron que fue deshidratación, yo los corregiría, yo diría que fue el mundo, que fue el gobierno, que fue la miseria que fue la necesidad.  No fue tan malo morir, fue peor morir en soledad, nadie reclamo mi cuerpo, no les intereso, mi edad causa polémica, en mi país, y en el otro país también nunca logre entrar a un país donde las cosas podían mejorar, tampoco logre salir de donde el mismo país me podía matar, no culpo a nadie, los culpo a todos en general, me enterraron en Cementerio La Piedad en McAllen, TX en el país de la oportunidad.


Es lección de vida, mi vida, América es muerte, pero Guatemala asesina.

Foto por: Carlos Hernandez Ovalle

Huyamos del Mundo

Cuando la vida se acerca un poco a la muerte es por tendencia que se reconoce la vida, y quiero encontrarme lejos, donde ni la vida ni la muerte me encuentren, quiero hacer un viaje en vida, sacarle kilometraje a la memoria, quitarme mi suelo firme, convertirme en vagabunda del camino, quiero ir a buscar no sé qué, en no sé dónde y no sé cuándo. (Pero quiero ir)


Solo tengo que ir, solo tengo que salir, nada me detiene, he comprendido que no puedo con esto, tengo que huir, abrirle una ventana al mundo, una puerta, salir corriendo descalza hasta donde pueda llegar, alejarme de todo, de todos, creer de nuevo, recuperarme, recuperar mis letras, mis lágrimas, mis gritos, mi voz. (Las voy a ir a buscar)
Porque hasta ahora había estado dormida.

Lugar 1. Son las 5 de la mañana y hay que apresurarnos, pues el sol se está poniendo, y no nos puede alcanzar, llegamos al mirador, todo está vacío y justo antes de que se ponga el sol hay que gritar lo más que se pueda, solo para recordar que no importa que tan grande sea tu dolor, siempre vuelve a salir el sol.

Hay que disfrutar el camino, la soledad de él, enamorarse de  las líneas amarillas interminables, de los árboles de la ruta que se hacen pinceladas de verde  y café por la velocidad del camino, hay que disfrutar el paisaje, de las imponente montañas, sentirse nada y sentirse todo al mismo tiempo, relajar un brazo, sacarlo por la ventana, descubrir como el clima va cambiando, como a veces el cielo se acerca.

Lugar 2. Llegamos a Iximche la ciudad del postclásico maya, donde una vez se extermino a una población completa de kakchikeles y justo por eso tomar un tiempo antes de entrar y pensar, que aunque el mundo enseña que somos mortales, hay algo de inmortalidad en esto, en esto de dejar huella, un lugar, una señal, conforme vamos entrando hay que recorrer todo, son las 12 del mediodía, y el sol está a todo, así que hay que empezar a correr, montículo tras montículo, pirámide tras pirámide, con velocidad, como si alguien nos estuviera pisando los talones, hasta llegar al final, cuando ya no tengas aire, cuando estés tan cansado que no aguantes más, al final llegas a un área boscosa donde se encuentra un precipicio, te das cuenta que a pesar de todo lo que corriste, no te has bajado de la montaña, y que hay cosas que no se pueden lograr por lo rápido que vas en la vida, sino  que solo son posibles sabiendo donde estas parado.


De regreso caminaremos con lo que las piernas aguante, pero no sin antes conocer a la señora que está al frente del parque, vendiendo libros, por 1 quetzal te dice tu nahual,  hay que entablar una conversación con ella, anticiparnos y darle la gracias, por permanecer, por seguir, por prevalecer en este mundo, donde su pueblo fue asesinado.

Seguimos en el camino, vamos al mercado de Tecpan, pide comida y escucha en silencio, las conversaciones de otros, el mundo tiene mucho que decir, hay que callar de vez en cuando.

Lugar 3. El camino es largo, lleno de vueltas, a veces hay que rebasar, tomando riesgos es que se logra vivir o morir, en este camino el cielo se va sintiendo cada vez más cerca, más preciso, estas a punto de llegar, son las 6 de la tarde y el mirador del lago de Panajachel brilla en todo su esplendo, hasta parece que el cielo ha bajado a saludar, hay que esperar ahí hasta que oscurezca totalmente y darte cuenta que aunque todo se ha tornado oscuro, eso no significa que el lago ha perdido su belleza, entiende que la vida es eso, apreciar la belleza en medio de la oscuridad.


Duerme no sin antes ver el reflejo de la luna sobre el lago, que a pesar que jamás se tocaran, se piensan, se besan en las noches.

(Un amor no deja de existir solo porque es imposible)

Lugar 4. No queda tan lejos, pero tiene su historia, Xela una ciudad plateada, tan bella que la luna la hizo suya, te hospedas en el hotel justo a la par del parque, sales a las 9 de la noche y nos dirigimos al Pasaje Enriquez, hablan hasta que amanezca, no dejes nada sin decir, dilo todo, no cuentes los segundos en silencio, di lo que nunca pensaste decir, siéntate en el lugar hasta que empiece amanecer, entonces sal y  justo enfrente venden café, siéntate junto a la ventana, y a las 6 de la mañana observa a todas las personas que usualmente no observarías, los que madrugan, los que se levantan temprano, observa sus rostros, su semblante, y abra que entender que ellos conocen el valor del tiempo, el valor del día. Empieza tú a vivir cada día, como si no alcanzara la mañana.


Lugar 5. Nos conviene cambiar de clima, un mundo diferente, vamos a Escuintla al puerto de Monterrico, en el camino nos damos cuenta que las calles cada vez son más estrechas, el camino aunque no más largo, si más difícil, empezamos a notar el cambio de clima, como el cielo se empieza a tornar amarillezco, nos enamoramos del camino de nuevo, llegamos a la playa, y esta desértica, está atardeciendo, y todo es rojo, entras al agua y ves como chocan las grandes olas, golpean la arena, la noche está llegando y el sonido del mar empieza a convertirse en arrullo de sueño, de pronto el sonido de las olas chocando desaparecen y ya solo se hace parte de ti, toca tu pecho, siente los latidos de tu corazón, disfruta como todos los sonidos se mezclan cierra los ojos y descubre que no importa que sonido tan fuerte traiga el mundo o el universo, jamás se apocara el sonido del latir de tu corazón.


Hay que tenerle miedo al siguiente camino, miedo o respeto, no importa es lo mismo, es más largo esta vez, un día completo de camino, vemos como se torna de día a noche en la carretera, el camino que empezó color gris se a tornaron oscuro igual que el mundo, solo se aprecia una pequeña línea amarilla que nos guía a nuestro destino, se va haciendo consecutiva, y de repente un pequeño pueblo, que pareciera no estar habitado nos recuerda que el ser humano puede llegar a desaparecer, duele ser tan poco, y creerse tanto al mismo tiempo.


Lugar 6. Llegamos a nuestro destino, y dormimos está amaneciendo salimos a las 9 de la mañana y nos encontramos con una arena diferente, una playa diferente, todo es claro, el mundo cambio de color, el sol está pegando plenamente, empezamos a caminar en el agua, no hay olas, el lugar se llama Amatique es una bahía el imponente mar esta calmado, camina hasta que el agua cubra tu cabeza, tienes miedo, si es necesario tenerlo, estas en un lugar que no conoces, en un ambiente que no es tuyo, no puedes respiran no tengas miedo, piensa en todo aquello que te atemoriza, piensa en todo aquello que le temes mientras estas abajo, no salgas hasta que lo termines de hacer, cuando hayas terminado, camina de regreso con paciencia, no les des la espalda al océano, piensa que sea lo que sea, si el agua no retrocede hazlo tú, si los miedos no retroceden muévete tú, el mar se queda, tú te vas.




El camino se está acabando pero aún nos queda un lugar, para este momento, ya has dejado fuera de tu vida muchas ideas, y lo más importante muchas personas, quedas tú y el mundo.

Lugar 7. Tikal además del kilometraje de la carretera, tienes que caminar, en el parque son las 12 del mediodía, y la vida es un poco más tolerable, la ciudad del clásico maya, el resplandor de la época precolombina, se encuentra cubierta de árboles en plena selva, justo después de esto es el hiato maya, todos desaparecen, estas ciudades se abandonan, subimos al templo IV son las 12:45  del mediodía, estamos sudando y cansados, esperas un rato, date cuenta, estas en cima del mundo, ¿Por qué desaparecieron los habitantes de esta ciudad? Tal vez subidos aquí descubrieron que el mundo no los necesitaba, que desde aquí todo seguía su rumbo sin ellos, estas llegando al cielo, casi lo puedes tocar, date cuenta como todo avanza sin tu ayuda, no te cargues tanto, el mundo puede solo, date el tiempo necesario, has pasado mucho tiempo dormido es hora de despertar.


Cuenta hasta 3 y emite un grito fuerte, y guarda silencio, escucha como la selva te responde, no te conocen, pero a pesar de que para ellos no existas, te escuchan y te responden, no existías hasta hoy.
No te quedes abajo siempre, a veces es momento de subir al cielo, existe en el municipio de peten un muelle olvidado, solo, el agua subió empieza a caminar, hasta el final, lo que un día estuvo arriba puede ser que algún día este abajo, no te fíes del lugar, tu solo debes aprender a nadar, nada alrededor del muelle, no te muevas con la vida que ella se mueva contigo.


Es hora de regresar, el camino ha sido largo, pero liberador, el corazón se sensibilizo, las palabras han regresado, las letras y la voz se hicieron presentes.


No sé lo que fui a buscar, pero presiento que ya lo tengo
Conforme va oscureciendo vemos la ciudad, vemos la vida pasar, todo sigue donde lo dejamos, todo está donde tiene que estar. Pero todo es diferente ahora.
Yo soy diferente


Se me olvidaron las palabras, antes de lo que era, me encuentro aquí, soy ahora, siento que ayer fue un mal día, hoy quien sabe.
Hay esperanza.


Hoy no, todavía no


Buenos días 
Buenos días dormilona, aquí estoy, no me ido y no me voy a ir
La voz que escuchabas en tu sueños era yo
Te cante algunas canciones, discúlpame si he olvidado la letra, 
Te leí algunas poesías, la Biblia y incluso la prensa
Tu rostro se tornó un poco molesto cuando te hable de política, pero quien no.

Toda la noche espere un sonido, un quejido, unas pestañas mariposeando
O que tu mano apretara un poco más.

Pero ya esta amaneciendo, la luz empieza a mostrarse en tu rostro, te lloro justo antes de amanecer, entre la sombra y la oscuridad, porque sólo ahí, estoy segura que no me escuchas.

Son las 5:00 y finalmente tus ojos empiezan abrirse, pronuncias mi nombre como preguntando si estoy, presionas mi mano, y te digo, aquí estoy no te e dejado.


Respiras profundo, y es entonces cuando inicia mi travesía de hacerte un mundo mejor.

1.desayuno caliente en la cama, disfruto como respiras, como me miras agradecida, porque finalmente aprendí a cocinar.

2. Un baño con agua tibia y tus ojos tiernos al mírame, cuando te coloco la toalla, esos ojos me hacen llorar.

3. Salimos al jardín, y aunque te he preguntado mil veces el nombre de todas las plantas lo vuelvo hacer, para recordarme de que son tuyas y cuando no estés las cuidare.

4. Te pregunto de tu juventud, para recordarte que pese a todo has llegado hasta acá. 

5. Me inventó historias de mi vida, de mi trabajo, que aunque no son ciertas te mantienen entretenida.

6. Vemos fotos de mi niñez, y te bombardeo de preguntas, pues sólo tu conoces a cabalidad quien fui en mi esencia primera.

7.llegan tus nietos, y mágicamente el dolor desaparece, tu ojos vidriosos me dicen que los vas a extrañar, te duele no tener fuerzas para levantarlos en tus brazos.

8. La pasamos mal

9. Te empiezas a cansar, el dolor empieza a pasar factura, la noche se hace cada vez más oscura.

10. Te recuerdo de nuevo que eres la mujer en la que me quiero convertir.

11. Pienso en todas las cosas que me faltaron por decir, y conforme el sueño te alcanza, corro para decírtelas hoy.

12. Cuando término, acaricio tu cabello, y canto, esas canciones de las cual olvidó la letra,  no importa, ya te dormiste, prometo que las voy aprender mejor.

13. Cuando duermes, con mi mano en tu mano, lloro por dentro, pidiéndote, que despiertes mañana. 

Quise grabarte en mi memoria, para siempre, tatuarte en mi alma, hoy,  pues aún no se sí abra mañana.

Y sí mañana existe, te voy a leer esto, o te lo diga al oído al alba, para que entiendas, que aunque te vayas, no te vas,que aunque no estés, te quedas.


Y cuando ese día llegue.
Ahí voy a estar
Velando tu sueño
Agarrando tu mano
No tengas miedo

No te vas, no me voy

Aún no
Aún no.

El Viaje


Además del camino que era hipnotizador, una línea amarilla que se hacía consecuente, de noche se transformaba en un punto de foco una luz y cuando iniciaba a cerrar mis ojos, era un camino una huella que dejaba la realidad ante el posible surrealismo de mi sueño.

Los caminos cada vez se hacían más diferentes, las calles más solitarias, la gente se veía más cansada, mi frente tocaba la fría ventana y mi hombro se recostaba sobre el borde, apreciaba los paisajes, esas inmensas montañas, la cierra madre imponente, los cielos azules arrepentirse a medias tarde tornándose naranja, hasta quedar todo totalmente oscuro, la luz plateada de la luna brillaba en mi cabello, y entonces inicie a buscar las estrellas de perfil, vi como los días pasaban en un bus, como la noche y el día se hacían uno en el mundo, vi las fronteras divisorias ser simples burlas del ser humano.

Lo ridículos que se veían las personas dividiendo con una línea imaginaria a los que éramos iguales, y las personas, las personas con sus acentos, con sus rostros todos iguales, pero diferentes, todos con la misma vida en diferente lugar, los pobres siempre eran los pobres, y los ricos a quien le importan, yo vine para esto.

Para convivir con ellos, con los que me veían a los ojos, con los que sonreían contra todo pronóstico, los veía en el camino, pasaban junto a la carretera, cargando carretas, caminando descalzos, su rostro estaba quemado por el sol, su ropa no era ostentosa, pero sus paisajes eran envidiables.

Cada vez más la idea de una frontera política me indignaba, encontraba en todos similitudes, cada vez que se me pedía mi pasaporte lo asimilaba como una herramienta divisoria excluyente creada por aquellos que no piensan que juntos somos más, en las fronteras éramos otros, y nos trataban como otros, pero llegando a las ciudades, que son más pequeñas de lo que todos cuenta, nos encontramos a los nuestros, a los que nos reconocían y trataban como uno, cuando amanecía nos enfrentábamos a las calles, a los bulevares, a los buses.

En el Salvador encontré que a pesar del mundo americanizado que los envuelve, desde el mirador, ahí se encuentra su corazón, en ese lugar una salvadoreña nos enseñó su país, estableció las fronteras comerciales, económicas, sociales y físicas justo después de decir, “este es mi pequeño país”. Cuando iba anocheciendo conocimos sus seductoras carreteras hacia la playa, una piedra gigantesca a la orilla de playa nos dijo que estábamos en el Tunco, ahí nos sentamos, compartimos historias y formas de hablar, aunque nos reíamos de las diferentes pronunciaciones, todas las risas se entendían sin acento.

Cuando el sol todavía no aparecía, nos encontramos de nuevo en el bus, el frió de la madrugada nos llevó al sueño del viaje, me desperté antes que amaneciera y vi como el sol cubría a las grandes llanuras verdes con una delgada capa de luz, que despertaba gentilmente a sus pobladores, el silencio manifestaba una sensación de paz y ser cómplices de la naturaleza y conmigo misma, era difícil creer que en esos mismos lugares boscosos se había librado una guerra civil, que en esos mismo lugares el mundo se había vuelto frio y oscuro,

 ¿Cómo se podía pelear en el paraíso?



Entonces como el Quijote de la Mancha pensó  alguna vez encontramos a gigantes, pero tan solo eran molinos de viento, ya me habían contado que cuando los viera cerca de la carretera era un símbolo de que Nicaragua estaba acercándose. Por lo tanto suspire y abrí los ojos ante este imponente paisaje, así como amaneció así también la tiniebla inevitable volvió aparecer, después de 10 horas llegamos a una Nicaragua de luz.

Un monumento luminoso de Hugo Chavez hacia su aparición junto con miles de árboles amarillos brillando alrededor del camino, como embelleciendo el rostro de la noche, así como en el mapa, estando ahí, me dio la impresión que Managua era un país alargado de largos caminos, esa noche era de fiesta y conocimos el ojito del mapa, el lago, todos bailaban y comían alrededor del malecón, nos contaron historias de su vida, del lugar pero más nos contaron de nosotros, y nosotros escuchamos atentos la perspectiva de ellos hacia nosotros, nos hablaron de un pequeño pueblo que existía cerca, es de origen colonial y se llama Granada, al siguiente día una Managua de sol nos evocaba una época revolucionaria, imágenes de Sandino como representante mayoritario del pueblo aparecía en edificios, grafitis y monumentos, Managua tiene color a política.


Así fue como nos aventuramos a un pequeño pueblo, en bus del pueblo, donde tenía un olor a humildad y esas sensación de incomodidad cómoda que solo la pobreza de un pueblo es capaz de dar, en la alargada Nicaragua había un calor húmedo, en medio de la carretera donde todo era verde excepto la línea de concreto por la cual nos transportábamos, se asomaron una gotas de lluvia, vimos entonces como la lluvia caía de lado, con el ligero sentimiento de querer llegar a un lugar que no se conoce, estuvimos pendientes todo el camino y entramos a una ciudad colorida, de casas azules, rojas, amarillas, una iglesia hermosa donde nos hacían recordar las presencia española que nos dejó sus fantasmas en la arquitectura de nuestra Latinoamérica, ese pueblo, lo recorrimos en bicicleta, nos sentamos en las baquetas, caminamos por el parque, en la noche se tornaba color fiesta, los colores de las casas desaparecían e iniciaba los amarillos oscuros, las luces de un pueblo que apenas quiere ser notada, la música se escuchaba por todos lados, cuando uno caminaba por la calle principal notaba que todos sonreían y es inevitable decirle a un guatemalteco que no lo haga, así  que caminábamos por las calles empedradas de Granada, sonriendo con todo el mundo y como es de esperarse todo el mundo nos devolvía la sonrisa.

En el parque comimos un Bigoron, comida tradicional y platicamos acerca de nuestra siguiente parada Costa Rica, de pronto a la par nuestra escuchamos esa “R” arrastrada inigualable de origen costarricense y ese inigualable calor humano de dos latinoamericanos comentando de su viaje, al igual que nosotras en tierras lejanas en casa diferentes, los abordamos con preguntas, les preguntamos por el aeropuerto, por el bus, por los lugares, por la vida, parecían saberlo todo, en ningún momento dejaron de sonreír, nos explicaron a cabalidad, y para agradecerles le extendí la mano, el vio mi mano y sonrió por un lado, me dijo porque te despides como extranjero, aquí todos somos latinoamericanos, me extendió los brazos y lo abrace irremediablemente, a él y a su bella acompañante colombiana, les dijimos que más tarde íbamos a salir, ellos afectuosamente aceptaron nuestra invitación, las horas pasaron y nos encontramos en la calle de las sonrisas, junto a un mexicano que nos hizo reír con piropos tan apropiados para ellos, dos alemanas hermosas que admitieron que si algo iban a extrañar de Latinoamérica iban a ser los piropos, una colombiana que sin saberlo nos había comprado un mojito, y el costarricense que era de esas raras mezclas entre escritor y antropólogo, nos recitó poesía, les recite poesía, y ya que estábamos en Nicaragua no podía faltar los hermosos versos de Darío que se deslizaron por mi lengua hasta esa noche,  todos hablamos de las ausencias de diferencias entre los latinoamericanos, un alemán nos enseñó a contar en su idioma, el tiempo era extranjero pero ellos eran latinoamericanos, esa noche entre nacionalidades inciertas todos teníamos un pasaporte con una bandera diferente, pero un corazón, que hizo memoria, ese día todos brindamos por una América unida, sin distinciones, raciales, sociales o políticas y levantamos nuestro mojito con sabor a Cuba.


De madrugada nos dirigimos a Costa Rica, este viaje ya había sido inigualable, mi corazón estaba marcado por todos los que hasta ahora habíamos conocido, llegamos a Costa Rica a las 4 de la tarde un señor se ofreció a compartir un taxi con nosotras, cuando le intentamos pagar no acepto el dinero, así confundidas en la parada de bus por el cambio de moneda una joven de pelo rubio nos dijo cuál era su
denominación económica, nos prestó un celular y nos subió al bus que teníamos que ir, Costa Rica nos abrazó con su gente, al llegar a nuestro destino Puerto el Limón otro viajero nos llevó a mostrar su pueblo, un pueblo pequeño un poco descuidado pero igualmente hermoso, ahí en su casa junto a su  familia nos hablaron de su vida, nos sentaron a la mesa con ellos, incluso compartimos anécdotas del viaje, la comida deliciosa, su madre peruana hacia que los alimentos tuvieran sabor a su país.
Por la mañana nos dirigimos a la playa, ya nos habían contado que un terremoto previo había sacado el coral a la superficie, pero lo olvidamos un error que pagaríamos caro, la ola nos arrastró, como pudimos salimos a la superficie, no sin antes darnos cuenta de  los golpes que habíamos recibido por olvidar un consejo que hubiera sido muy útil.
Una familia se acercó, tres pequeños niños nos empezaron a cuestionar, nosotras jugamos con ellos, nos contaron de donde eran, nosotros también, e inesperadamente, la abuela de los niños nos había comprado almuerzo y juntos, esa tarde frente a las olas a la orilla del arrecife criminal, esa familia nos recordó que en Costa Rica la familia sabe igual que en Guatemala.



En la parada de bus, conocimos al personaje más vistoso de todo Puerto el Limón un hombre afrodescendiente de unos 50 años, su vida nos la conto mientras esperamos un bus que al final no fue necesario pues caminamos,  él nos llevó en un tour por todo su pueblo, nos contó su trabajo, bajar cajas de banano de los barcos Estadunidenses, me conmovió su historia y me hizo pensar en la de mi país,  pocas cosas han cambiado dije, el poder ahora se encuentra en las manos de aquellos que no lo pueden apreciar.

Nos sentamos en el parque mientras veíamos a los perezosos en los árboles, para ese entonces ya me había percatado que el coral había hecho estragos en mi pie y que apenas podía colocarlo recto sobre una superficie, pero entonces mi compañera de viaje valerosa me dio esperanza, compramos medicina y seguimos nuestro camino ante otra central de bus donde conoceríamos una playa más hermosa aun, Puerto Viejo.

Sentada y adolorida pregunte que bus nos llevaba, una señora afrodescendiente nos dijo que era el bus verde y que ella también iba en él, su acento parecía de origen garífuna aunque probablemente este equivocada, cuando entramos al bus pensábamos que no había lugar, cuando nos percatamos que ella había colocado su humilde bolsa de paja, para guardar dos lugares junto al de ella, nos habló todo el camino, no enseño los distintos pueblos, nos contó de que trabajaba, la plática solo se vio interrumpida por un suceso familiar, a la orilla de la carretera un hombre boca abajo daba su último espectáculo al mundo, la muerte, no estaba conmocionada, en mi país eso se veía seguido, pero hizo darme cuenta de una realidad, en todos lados morimos igual, la violencia se hacia parte de mi sangre, de mi pueblo, de mí.

Puerto Viejo es un pueblo caribeño donde la cultura Rastafari reina, el hostal donde nos quedamos era de una familia colombiana, por unos cómodos 12 dólares teníamos donde dormir, esa noche conocimos el pueblo a tientas, pues estaba oscuro, un pequeño niño de cabello rubio pero de piel morena hijo de un italiano y una lugareña nos acompañó a la mesa y nos dijo que su nombre era Atún a lo cual su madre corrigió con risas “Aton”.


Sorprendentemente despertamos en el paraíso, la playa está frente a nosotras y su color era celeste, el movimiento de las olas era poesía espumosa, tierra surfers y arena blanca nos inundaron el día, un sendero selvático nos llevó a un risco donde el mar se violentaba con la roca como dos amantes reclamándose amor, el atardecer nos alcanzó en la playa y nuestras bicicletas nos llevaron en la carretera hasta el anochecer,  donde teníamos que ser cuidadosas ante los carros que atravesaban su luz delante de nosotras, llegamos a un restaurante que estaba a la orilla de la playa, el mar se convirtió en plata y la luna sobre nuestros cabellos oscuros era gris, no sé cómo,
terminamos en
una mesa con una pareja de costarricenses de ciudad y un canadiense, nos ofrecieron su comida, y entonces me preguntaron qué sabia de los Mayas, les conté todo lo que pude, fascinados me escuchaban mientras todos se divertían, les conté de su Nahual y se emocionaban, cuando escuchaban algo que les gustaba me estrechaban la mano y abrazaban, como rememorando lo que nunca fueron.

De regreso a nuestro hostal se nos perdió el tiempo, ya estaba amaneciendo y un inglés tocaba en el restaurante de arriba y todo parecía un sueño del cual aunque sabíamos que teníamos que despertar no lo queríamos hacer.

El viaje no acaba y las personas son interminables dos españoles con los cuales compartimos ruta, un canadiense que era lugareño, una italiana y un argentino que nos hicieron pizza, un taxista que nos habló de la modernidad de la ciudad, un brasileño que iba a ver a sus nietos, el viaje siguió pero es en la carretera donde me enamore de la ruta.


Esas líneas paralelas que nos llevaron a miles de lugares inciertos e inimaginables, tan hermosos tan diferentes, el tiempo era nuestro enemigo el cual vencíamos con el transporte. Los recuerdos me embriagaban y la vida estaba pasando junto a mis ojos y la estaba tomando en mis manos, sosteniendo como una caña de pescar donde el hilo se iba y no tenía intención de tensarlo, estuvimos en todos los lugares, donde no vivíamos pero vivimos, de donde no éramos pero pertenecíamos.




Aprendí que la vida se cierra como mis ojos en la carretera, pero hay que saber despertar en el paraíso que queremos, un viaje como este despierta la conciencia del ser humano, transforma criterios y te despierta ante la posibilidad.


Mis amigos, mis países, mi gente.