Cuarenta y Seis

Quien iba a decir que dos almas tan distantes iban a encontrar refugio en un solo corazón.
Estaba lloviendo y todo apuntaba hacer una tarde común y corriente en San Pedro Sololá, las gotas caían como rebotando en las pocas calles pavimentadas del lugar, Ana caminaba por el pueblo debajo de un triste paraguas negro que apenas alcanzaba a cubrir su joven cuerpo, con un canasto de tortillas a su costado intentando llegar a su trabajo con el mandado que se le había encomendado, ya hacia un tiempo que ella era huérfana y vivía con unas amigas en un pequeño departamento del lugar, me corrijo, ellas no vivían, mas sobrevivían. Sus trabajos involucraban limpiar piscinas, ser meseras, limpi
ar baños, no tenían estudios es más, a veces ni les hacía falta leer en su vida diaria.
En esa tarde la lluvia inicio más fuerte como acribillando el mísero paraguas de Ana y decidió refugiarse en una esquina donde una pequeña pestaña salía y cubría un celestial espacio de la lluvia, cerro el paraguas y se paró un rato viendo como el agua salpicaba sus sandalias y a la vez sus pies. En eso vio como un hombre de  unos 40 años saltaba de charco en charco como a una cuadra de donde ella estaba, tratando de esquivar la lluvia, cuando se iba acercando se dio cuenta que era un Gringo que vestía un short una playera que la lluvia egoísta habían mojado completamente, además no podían faltar las clásicas sandalias que aparentemente es reglamentario utilizar antes de viajar algún pueblo en Guatemala. (Los adquieren junto con la visa) este al verse indefenso ante tal lluvia vio el refugio de Ana como una opción vital de sobrevivencia ante los balazos de lluvia que perforaban su cráneo. Entonces se colocó con rapidez junto a ella y dijo  -eskiusmi mucha lluvia, compremiso- ella como buena guatemalteca que no sabe ingles  lo vio para arriba y sonrió con la boca cerrada entonces observo detenidamente sus ojos y eran celestes como cuando al lago le pega  al sol al medio día, el Gringo la observo y vio en ella más que a una mujer, vio una sonrisa, y ya saben lo que dicen, cuando un hombre ve en una mujer una sonrisa.  (El mundo se detiene)
Él le dijo –mucho guste yo llamar Jayce-  ella lo volvió a ver y volvió a sonreír (Él se encantó)            -mucha lluvia esta callenda- dijo el Gringo, ella volvió a reír, (Él se volvió a encantar) así esperaron que se calmara la lluvia los dos intrigados el uno con el otro veían como caía gota a gota y la salpicadura mojaba sus pies descubiertos, de distintas tonalidades pero bajo la misma lluvia. Ella dijo –ya está pasando- viendo directamente para la lluvia, Él la vio encantado, su cabello era ondulado y el efecto de la lluvia sobre el mismo la hacían ver como la perfecta amazona en la selva, observo que estaba temblando y le dijo –tú tienes mucho fría- ella sonrió y le respondió –si Don, por la mojada- -¿como esu nombre?- le volvió a preguntar,  ella respondió –Ana Marroquin- (porque un latinoamericano siempre tiene apellido) –mucho guste Ana, yo soy Jayce- Buena tarde Don Yeis dijo Ana abriendo su paraguas y pegando un salto al pavimento, al ver esto Jayce la siguió y le dijo – hey weit, can ai col iu, ai want tu si yu agen- (hey weit can I call you, I want to see you again) (hey espera, puedo llamarte, te quiero volver a ver) Ella asustada por el acercamiento del individuo camino más rápido, siempre tan amable sonriendo hasta que el Gringo se le puso enfrente a modo de que sus pasos no dieran ni un movimiento más, se quedaron congelados por un momento hasta que ella lo rodeo y camino, entonces el entendió la evasión y pensó para sí mismo, ¿la sigo? ¿Lo intento de nuevo? O ¿me arrepiento para siempre?, al ver que ella ya se había alejado se decidió caminar a su destino con la cabeza abajo, sin percatarse que la lluvia seguía cayendo sobre ella esta vez un poco más densa.
Entonces  terminó así la historia que un día escribí, (si el destino no fuera una jugarreta del hombre)

Así que como el destino fiel amigo de la esperanza los volvió a unir, aunque ella se había resistido hablarle al Gringo sabía que dentro de ella algo había pasado, pues su mente la traicionaba y en ocasiones se encontraba pensando en él, por su parte él se había rendido a la idea que esa sonrisa aunque olvidada y perdida era suya, la atesoraba como un recuerdo imposible, (por que quiere) de borrar, el viernes a las 6 de la tarde ella cumplía  con sus trabajo en el restaurante y de improviso la enviaron al bar, pues había ocurrido un percance con un cliente, a lo cual ella asistió presurosa con escoba y sacabasuras en la mano, ella se dirigió al lugar a levantar los pedazos del vaso roto que un cliente accidentalmente había tirado en la fiesta del bar junto a la piscina, él se encontraba en el muelle hablando con unas cuantas amigas cuando de improvisto el destino provoco en él un llamado de la naturaleza, así que camino hasta el área de la piscina para dirigirse al baño, justo cuando levanto la mirada observo a Ana de rodillas colocando el sacabasuras en el piso de modo angular, se sorprendió tanto que se pasó las manos sobre los ojos en señal de asombro y al acercarse un poco más la decidió abordar, -Ana, Ana como está usted- le dijo sorprendido pero feliz de haberla encontrado, ella un poco tímida y sorprendida levanto la mirada y sonrió y en voz baja dijo –hola señor-  el observo como ella limpiaba el área afectada y le dijo –tu trabajar aquí te verer  más seguido- y precisamente así fue, después del encuentro Jayce averiguo los turnos de Ana y coloco en su lista de imposibles su nombre, aunque Jayce ya había vivido 26 años más que Ana conocía muchas técnicas de conquista, pero ninguna podrían alcanzar a esta veinteañera inconquistable, en los planes de Ana no estaba enamorarse, mucho menos de un Gringo de 46 años, es más Ana no tenía ningún plan vivía su vida sin aventura solo esperando sobrevivir al día siguiente, por las mañanas cuando ella limpiaba las habitaciones el esperaba que llegara a su habitación y se sentaba en una esquina a leer mientras ella tendía la cama, y la observaba sin que ella se diera cuenta, un día coloco una rosa blanca entre sus sabanas y observo emocionado como ella la encontraba al hacer su cama, pero fue una reacción diferente a la que él esperaba, pues al encontrar la rosa ella la tomo entre sus  manos y casi mecánicamente la coloco en su mesa de noche, prosiguiendo con el trabajo.
En las tardes cuando ella se encargaba del restaurante, el accidentalmente derramaba el agua y en ese momento llegaba Ana con un trapo en sus manos para solucionar el problema (o el capricho) ya había pasado un mes y todas estas técnicas ofensivas no parecían funcionar, así que un día con el afán de encontrarla y que lo encontraran el hizo la cama como tantas veces había visto que ella la hacía, limpio el baño, arregló su ropa, coloco todo en su lugar hasta sacudió  la parte de atrás del televisor, entonces cuando ella entro se vio con la sorpresa que ya nada tenía que hacer en esa habitación pues su trabajo ya lo había realizado él.
Ante tal acción ella se conmovió y al llevarse la mano a la mejía le dijo –muchas gracias- él la tomo de la mano y le dijo –yo solo quiera platicar un poquito contigo- ella no se pudo resistir ante tal amabilidad y accedió, así que se sentó en la cama y el jalo una silla e iniciaron una conversación (con mucho esfuerzo) él le conto porque había viajado a tierras tal lejanas y por qué había elegido Guatemala, ella le conto que sus padres habían muerto hace poco, entonces ella le hizo un pregunta que era primordial para que la relación avanzara, -¿porque un hombre de su edad, está soltero?- el respondió con toda honestidad, y le conto que cuando él estaba joven se había enamorado de una mujer la cual iba a convertir en su esposa, pero por una mala jugada del destino a esta le había dado cáncer y había muerto justo antes de la boda, esto conmovió a Ana e hizo que su feminidad se acercara mucho más a él, la atracción física era inimaginable, aunque la diferencias de edad era considerable no les impedía que tuvieran grandes cosas en común, ella pensaba que el lago era un mar y él pensaba que el mar era el mar. Sus encuentros se fueron haciendo más concurrentes él se perdió en su sonrisa y no quería ser encontrado, ella nado en la laguna de sus ojos y quería ser naufraga, así sucedió el primer beso en el muelle, junto al lago de testigo que acaricio sus cuerpos mientras anochecía, todos pensaban que tal amor no solamente era ilógico si no también inapropiado, las amigas de Jayce pensaban que él era demasiado interesante y propio, todo un caballero para ser desperdiciado en una mujer con unas manos tan maltratadas, las amigas de Ana pensaban que él era un Gringo cualquiera y que pronto la embarazaría y la dejaría botada, esto le dio más interés a la relación.
Ella no sabía mucho de la vida, él le enseñaba y como escuche una vez “no siempre se trata de enseñar muchas veces hay que aprender” él fue aprendiendo más  español, ella aprendió solamente una palabra en inglés y cuando fue el tiempo correcto la dijo –I love you- él dijo también en el tiempo adecuado –yo también te amo- visitaban lugares que los turistas no conocen, como la montaña escondida, donde se ve todo el pueblo, o la laguna del muerto donde se puede nadar desnudo y a nadie le importa, o visitaban el cielo, de vez en cuando, cuando se encontraban solos, en su habitación.
Se enamoraron tanto que él amaba que ella dijera su nombre mal pronunciado “yais” ella lo amaba tanto que le enamoraba  cuando con esfuerzo Jayce le decía “miarmor” él le dio sueños ilusiones, le contaba antes de dormir de sus infinitos viajes y que había un mundo después de San Pedro, ella le contaba las leyendas del lago, y que había un mundo después del mundo.
Nunca había soñado ella con poder estudiar, o tan siquiera conocer otro lugar, así que un día el decidió sorprenderla y justo después de su trabajo la subió a una lancha y se dirigieron junto en un auto rentado a la ciudad de Guatemala (GUATEMALA CITY) le dijo el taxistas que los llevo, ya en el a ciudad él podía observar los ojos de ella, llenos de ilusión y éxtasis iluminados con las luces de la ciudad, (se) comieron en un restaurante muy elegante donde ella no tenía que lavar los platos, ante la mirada desagradable de todos por la diferencia de edades, se amaron sin inhibiciones, y ahí en la cima de un edificio él le hizo la pregunta más audaz que pudo hacerle, -te quise enseñar la ciudad porque se que nola conocías, pero después me pregunte ¿Qué más te pede enseñar este viejo? Y deduje que el amor podría ser la lección perfecta,  entones Ana déjame amarte como nadie la ha hecho, y déjame hacerlo para siempre- sacando un anillo de su bolsa y colocándolo en su áspero dedo, la bella Ana, ella sucumbió ante tal gesto de humildad que ningún hombre de su cultura le habría mostrado y en la epifanía de lo honesto, su corazón se abrió ante una palabra, -si-
Regresaron al pueblo con esa ilusión tan grande, se casarían a finales de diciembre y finalmente el la llevaría a su pueblo Connecticut a conocer a su familia y algunos amigos que había dejado olvidados en ese lugar, su amor era un amor honesto que no media las edades ni la diferencia de culturas, mucho menos el idioma pues no notaban como él decía “miarmor” y ella “miamor” al final de cuentas el sentimiento era el mismo, por lo tanto habían decidido vivir juntos pues no podían pasar ni una sola hora separados sin extrañarse entonces alquilaron un departamento sin mucho, pero con lo necesario en el pueblo y lo ambientaron con lo poco que ella tenía y lo mucho que él podía comprar, y así vivieron los mejores 3 meses previos a la boda.
Un día cuando ella regresaba a su casa al abrir la puerta se encontró con Jayce tirado sobre la alfombra, con la mano en el pecho, se asustó tanto que pego un grito corriendo hacia el preguntándole que le pasaba, el apenas y podía responder, así que corrió a la calle principal a pedir por ayuda, algunos vecinos la ayudaron a colocarlo sobre la cama, y los niños del pueblo corrieron en busca del único doctor de todo el lugar, cuando llego Don Miguel el doctor le dijo a Ana ignorando todo diagnóstico, -Ana hay que llevarlo al hospital-, entonces con ayuda de los vecinos lo cargaron hasta una lancha, siempre con Ana de la mano bañada en lágrimas la lancha zarpo en medio de la lluvia con rumbo al hospital de Panajachel, en el camino el abrió los ojos y vio a Ana llorar de frustración al saber que nada que ella hiciera cambiaria esta situación, entonces el acaricio su mejilla y le dijo –te enseñe amar, mi pequeña niña guatemalteca, ojos de carbón, piel de durazno, you are and always will be my love (tu eres y siempre serás mi amor), ella lloro un poco más antes de limpiarse sus lágrimas y fue allí donde noto por primera vez las arrugas de Jayce, entonces la lancha se detuvo y ella entendió que era el final, lloro sobre su pecho desconsolada, y sintió su último aliento, el lanchero observo el cuadro y supuso que no importaba que tan rápido hubiera llegado, este era el destino de la pareja.
Cuando llegaron a Panajachel, lo declararon muerto de un ataque cardiaco, ella lloro desconsolada por unas 6 horas hasta que alguien le dijo que era tiempo de hacer los preparativos del entierro, como era su deseo lo enterraron en San Pedro, ella se vistió de blanco ese día, y todos lo lloraron un poco, ella lo lloro toda la vida, al llegar a su casa su agonía de tristeza era tanta que tenía que salir, al pasar por su lugar de encuentro en aquella lluvia se quedaba tirada con las manos en el rostro llorando como quien lo ha perdido todo. Era tan común verla llorando por el pueblo que las mujeres pasaban tocándole la espalda rogando por consuelo, algunas la encontraban en el muelle y la llevaban de regreso a su casa, estaba sola,  le dolía el alma, le dolía la vida.
Entonces decidió partir, se estaba ahogando en la miseria de la soledad, le estaba costando vivir por lo tanto vendió todo lo que tenía y decidió viajar, primero se fue a la ciudad, ahí trabajo para olvidar, pero se vio inmersa en el dulce dilema que lo que en realidad tenía que hacer era trabajar en olvidar. Así que decidió viajar fuera de Guatemala, se estuvo de un país a otro, conociendo todo lo que alguna vez Jayce le había contado, veía lugares y se imaginaba junto a él, así pasaron los años, hasta que cumplió 46 estaba en Roma arriba del coliseo como siempre, pensando en Jayce, cuando un Joven Griego le pregunto la hora, ella con la mirada perdida en el horizonte en la noche  no respondió, el Joven insistió tocándole el hombro, ella sorprendida lo vio a los ojos y sonrió para luego mirar su reloj -10:30- dijo regresando ver al horizonte.

-En que piensa- le dijo el cómo en intención de que ella lo volteara a ver, ella lo volvió a ver, y encontró en el Joven Griego una mirada tan tierna y encantadora con una inocencia tan inmersa en ella que la cautivo, comprendió por fin su destino, el destino que Jayce le había marcado en su vida, los mayores de 40 enseñan a amar.





La Noche

Cuando el sol se esconde
Y la luna alumbra
Mi corazón vela
Por volverte a ver.
Jenniffer Velásquez

¿Dónde están los invisibles?

Un antropólogo Francés se dio a la tarea de investigar lo investigable, como todo buen antropólogo había aprendido de todas las personas algo importante, por ejemplo de la cultura Mayas en Guatemala había aprendido que no importa que tanto se haya vivido, lo importante era dejar huella,  de la cultura afgana aprendió que algunas veces el orgullo sobrepasa la razón, de la cultura norteamericana aprendió que la necesidad del hombre muchas veces es innecesaria y así recorrió el mundo entero aprendiendo diferentes idiomas, culturas, comidas, ciudades, estructuras, filosofías, ideas, rituales de amores y sexo que en eso no muchos diferían, “todos los seres humanos se aman igual” decía con una sonrisa incierta. (Solo él sabe)
Aunque sabemos que los conocimientos no tienen un límite este se había cansado de investigar aquello que por alguna razón unos y otros colegas  ya habían tentado con sus ociosas manos de y analizado con sus perturbadas mentes.
Ya se había cansado de re escribir en lo ya escrito, re pensar en lo ya pensado, indagar en los textos de alguien más, ser un conocedor más, un copista de las ideas de alguien más.
Estaba harto, un harto especial, no como quien detesta su trabajo y dice cada mañana antes de despertarse “estoy harto”, pero de igual manera se levanta a trabajar. Si no un  harto como de aquel que está en la orilla de un precipicio y dice “estoy harto” antes de dar el último paso a la nada.
Entonces inicio su búsqueda incierta, la búsqueda de los invisibles, los que no existen, los que no conocen, los que no son.
Busco entonces en la selva tropical pero los que estaban allí, ya tenían una cola de antropólogos redactores del secreto de la virilidad del hombre. Busco entonces en la cima del Himalaya y al encontrarlos eran tan superfluos tan metafísicos que todo aquello investigado iba a trascender por el alma, se convertía en filosofía y ese no era su profesión. Entonces decidió ir al mayor enigma de la humanidad poco explorable (por miedo) la mujer y se sentó con una mujer hermosa  pero antes de ser antropólogo fue hombre explorador del sexo opuesto, exploro pero nunca entendió, por lo tanto se rindió (a ella)
Después de años de  búsqueda una tarde decidió renunciar a su carrera antropológica, no existía ninguna esfera del conocimiento sin explorar, “el ser humano en si, es un enigma descubierto” se dijo a si mismo mientras pasaba la mano por su cabeza pensando en todo el tiempo perdido.
Así llego a la orilla de la calle, con aquella humanidad en pleno ejercicio del deber frente a el, los carros no paraban y todos corrían presurosos donde los esperaban, pero a él se le habían acabado las razones, por consecuente las ganas. Entonces cayó desplomado sobre la banqueta inclino sus rodillas y coloco su portafolio en el suelo, se llevó las dos manos a la cabeza y arrastraba su cabello entre sus dedos con una desesperación presurosa, en eso, en medio de su colapso mental escucha una pequeña voz que le dice  -¿lustre?-  el alza la mirada y enfrente a  el un niño que con herramientas en mano miro hacia sus zapatos de antropólogo ósea zapatos de hombre.
 Era tanto su abatimiento que ni siquiera afirmó o negro la pregunta de este pequeño, entonces al verse en opción de tomar su gesto como una afirmación, el niño comenzó a lustrar sus zapatos.
Izquierdo
Pasta, brillo, cepillo
Pasta, brillo, cepillo
Pasta, brillo, cepillo
Brillo, brillo, brillo
Derecho
Pasta, brillo, cepillo
Pasta, brillo, cepillo
Pasta, brillo, cepillo
Cepillo, cepillo, cepillo
Mientras este desfile sistemático de una labor se realizaba, el Antropólogo pensaba en las personas invisibles, las que no había encontrado, las que no había descubierto, las que no existían en lo que conocía, pero tenían denominación en la potenciación de lo conocido.
El niño termino su labor después de unos minutos y  extendió su mano como en señal respetable de quien cumplió su trabajo y merece su pago, el antropólogo aun consternado, como mecánicamente saco su billetera y le dio el dinero, el niño lo guardo, recogió su indumentaria y se retiró lentamente contando su ganancia.
El antropólogo, con una ceja levantada y la mano colocada en su mentón observo sus zapatos de una brillantez reflejable  y al niño consecutivamente y pensó.
Características de un invisible (dos puntos) Hablan pero nadie los escucha, están pero nadie los ve, no existen, pero existen, no tienen nombre, no tienen edad, nadie los recuerda, los libros no escriben de ellos.
Se colocó de nuevo la mano en la cara esta vez con la boca abierta y separo las piernas para verse los zapatos lustrados y sus ojos se abrieron prominentemente y dijo sorprendido y en voz quebradiza  -¡ellos son!  -ellos son los invisibles-.
Les damos dinero pero no los conocemos, hablan pero nadie los escucha, dijo lentamente en balbuceos con la mano en sus labios, los olvidamos con facilidad, no son nadie siendo alguien, un zapatero, el que vende el periódico, el niño lustrador, el limpia vidrios del semáforo. Todo tiene nombre pero no existen, son de nosotros pero no están con nosotros.
Son otros
Son ellos
Son invisibles se hacen imperceptibles al materialismo humano, no los cuenta, no se relacionan no son seres materiales, no existen, los excluimos, los redujimos, los eliminamos, no trascienden no pretenden, no comulgan, no son, ni serán.
Así corrió hacia el pequeño niño que en la oscuridad de la tarde desaparecía y semi  trotando lo alcanzo, colocándole la mano en el hombro dijo:
-Hola-
El niño asombrado no respondió y lo observo receptivo a su actitud de inventor al inventado.
-Quieras ser mi descubrimiento- le dijo acelerado
El niño con rostro intrigante solo dijo, ¿ha? (Que es igual a nada) y en la nada se manifestó la totalidad del producto.
¿Cómo te llamas? Dijo el antropólogo
-Julián- respondió el niño
 -hola Julián, bienvenido a tierra material- dijo el antropólogo sonriendo

Desde ese entonces, va por el mundo descubriendo a los invisibles. 
Convirtiéndolos en alguien.

El Banquero

Le gustaba contar, su nacimiento fue motivado por el conteo de la enfermera para que su madre pujara, justo cuando ella decía 1, 2, 3, puja encontramos la cabeza de Julián, de niño un día contó todos los pasos que hizo, sin perder la cuenta 1,591 pasos, esos contó. Le gustaba comprar con un billete grande algo pequeño, tan solo para disfrutar el puro gusto de contar vuelto, por eso cuando fue un adulto a nadie le extraño que se convirtiera en auditor, en la universidad era considerado un genio aunque pocas veces hablaba, pues consideraba que lo único necesario para darse a conocer eran 141 palabras, lo demás era vanidad.
Nunca le gusto solamente una mujer, pues prefería los numero pares, al graduarse fue solicitado en los mejores bancos del área, comparo las posibilidades, los retos, las influencias las sumo, las dividió por el sueldo, las multiplico con su capacidad y así fue como decidió cual era el banco para iniciar su carrera laborar.
Todas las mañanas se despertaba presuroso a las 5:01  incluso cuando se despertaba a tientas y el reloj marcaba las 5:00 se limitaba a pararse y hacia una oración el minuto restante, cuando se subía al automóvil colocaba la radio en 111.1 su corbata negra revelaba una perfección perspicaz, sus zapatos lustrados y su cabello perfectamente echado para atrás,  cada día en el trabajo era como  un libro para el escritor, las pinturas para el pintor, el dinero para la prostituta, jugar con números todo el día, era una acción que disfrutaba a la hora del almuerzo comía en el primer comedor, pedía el menú número 1 y un café con 1 cucharada de azúcar, lo tenía todo, no deseaba nada, era feliz, no una felicidad momentánea, sino una felicidad plena complaciente, gratificante.
Era primero de enero del 2011 el llego un día antes que todos al trabajo para asegurarse de que a nadie le tocara el carnet numero 1 solo a él. Se registró y estaba a punto de retirarse cuando en el reflejo de la gran puerta de vidrio del edificio la ve.
Tenía un lápiz labial rojo brillante, un pantalón negro que se ajustaba perfecto a sus muslos, una blusa de puntos y unas zapatillas rojas, su cabello era negro y con el sol el color se tornaba en un engañoso azul. El voltea lentamente admirado de tan perfecta figura y la observa de pies a cabeza, (lentamente)  sus ojos son perfectos ceros, sus brazos forman la perfecta unidad, con sus pechos es una decena, sus dos piernas flacas y alargadas se convertían en dos indiscutibles unos, sus piernas juntas cuando se paraba derecha formaban un once.
Ella inclina la cabeza sonríe por un lado y pregunta, -¿El banco aun no abre?- el apenas puede responder así que traga saliva y responde, hasta el  2, ella empieza a balbucear que vino por gusto y que es una irresponsabilidad de los centros bancarios, El, la detiene con prudencia en su voz y le dice: -necesita usted algo-, -si- responde ella, -vine hasta acá en un taxi, y no tengo efectivo para pagarle y ahora me encuentro con este oprobio, es una injusticia divina eso del dinero, cuando lo necesitas no lo tienes, y cuando lo tienes no lo necesitas-, el con toda amabilidad se ofrece a pagarle el taxi, ella aunque insiste que no se preocupe él se acerca al taxi amarillo número 1 y salda su deuda.
Ella le agradece diciéndole que lo invita a un café, siempre y cuando la cafetería acepte el ingenioso invento del capitalismo, la tarjeta de crédito, el encantado caminan a la par como un bello once se dirigen a la cafetería, como de costumbre pide un café con 1 cucharada de azúcar, ella pide un café con dos cucharadas de azúcar y esa correlatividad en la orden lo enamora.
Ella le cuenta que es de un pueblo y que solo trabaja vino a la ciudad a saldar una deuda, él le cuenta  de su pasión por los numero y su deseo de cuadrar el mundo, así se inicia la plática y así no termina pues al retirarse del café y despedirse el empieza a ser el inventario de la improvisada cita, 1 platica interesante, 11 sonrisas y once dientes para mostrar como perfectas perlas blancas, dos ojos en forma de cero, una pierna cruzada como un signo de división en diagonal, se tomó el pelo 12 veces , se limpió los labios 1 vez, se observó en el reflejo del vidrio 12 veces,  y mejor aun cuando intercambiaron dígitos el de ella era  11 23 76 1 (que sumados hacen un once).
Tuvieron 11 citas, 1 anillo, 1 boda, 1 amor, el todas las noches le pasaba auditoria a su cuerpo, ella se dejaba fiscalizar, ella era la suma de la perfección, a el le encantaba contar. Pero pronto esto cambio, pues su trabajo cada vez le exigía mas, estaban en un declive económico lo que obligaba a que trabajara el doble para poseer los mismos resultados, era una pena, habían noches que llegaba de madrugada ella ya dormía, se convirtió en un fantasma de la familia, en un proveedor sin rostro, en un hombre sin cuerpo, cada vez que se alejaba se perdía un poco de ilusión, (más de ella)
Un día cuando volvía a casa (que por cierto su dirección era, 1 calle 11-1 zona 1 sector A) Se encontró con que ella había preparado sus maletas y lo esperaba junto a la puerta, el no pregunto, pues ya sabía que ese era el resultado de los abusos de su trabajo, ella dijo: -me voy- , él: dijo –ándate-, desahuciado de amor no peleo, supuso que si ya se había emitido la acción de apartarse de su lado, no valdría la pena mantenerla, mucho menos rogarle, le dolió,  claro que le dolió, pero nada más lo necesario (un auditor nunca llora más de la cuenta).
La vida no era la misma, pero hasta cierto punto se sentía satisfecho con lo que había logrado, ser el número 1 en su trabajo, ser de nuevo una unidad que se divide en sus propios porcentajes, de ella no supo más, y era mejor así, pues el solo hecho de su presencia lo hacía odiar su unidad lo que toda su vida había amado el valor del 1.
Un día cerca del café de siempre, (un poco más descuidado) la vio pasar iba de la mano con otro tipo sonriente los dos, platicando seguramente trivialidades, a Julián le hirvió la sangre, su rostro se tornó rojo, sus manos se empuñaron, sus pupilas se dilataron y su corazón emitió un gruñido se levantó de la mesa presuroso y se dirigió hacia la pareja como oculto entre columnas sin que ellos lo observaran, vio como él le robaba besos y como ella sinvergüenza los pasaba de contrabando, él  estaba furioso, así que  los siguió hasta su departamento (22-1 calle poniente zona 2 sector B)

Esa noche regreso a su casa, sin poder dormir, caminaba de un lado a otro, pensaba, se afligía, lloraba, resentía tanta frustración, le sudaban las manos, no había calma que lo alcanzara, no había paz que lo llenara,  así que por fin se  decidido, se armó de valor tomando un cuchillo de filo número 1 se dirigió hacia el previo departamento, contó 111 pasos para esa calle, subió 123 gradas hasta el departamento de su ex amada  y toco una vez el timbre, cuando el abrió la puerta lo vio intrigado –Buenas noches señor en que le puedo servir- él lo observo de pies a cabeza pues vestía unos shorts y una playera increíblemente desaliñado, desprolijo y antes de que este pronunciara otra palabra le clavó el cuchillo en el estómago  y sintió como este atravesaba sus intestinos esponjosos, lo extrajo y lo hizo de nuevo repetidamente 11 veces, cuando ella salío y noto el acto de maldad tan grande que se cometía, vio  a su amante tirado en el suelo cubierto de sangre y su ex esposo parado junto a él con el cuchillo ensangrentado, grito con el alama, y dijo:  –porque lo hiciste- (gritando histéricamente)  El,  la vio  a los ojos quitándose con el brazo las salpicaduras de sangre de la frente y dijo en voz grave, Solo para recordarte quien es el número uno, se va lentamente bajando las gradas mientras ella yace de rodillas lamentando dicha tragedia, el sale del edificio satisfecho, feliz, sonriente.
por fin su mundo estaba cuadrando otra vez.



La Bala Perdida


Sucedió una tarde cuando el sol se ponía, los dos estaban sobre la terraza  y observaban lentamente el sol introducirse en la espesa montaña, el  pregunto  ¿Cuál es tu meta en la vida?  Ella respondió con una pregunta ¿Cuál es la tuya? –bueno, pues considero que la mía es,  vivir una vida estable-  ella medito por un momento y respondió con la mirada fija en sus ojos, su cabello lo movía el viento una sonrisa por un lado insinuaba perfección, se llevó la mano a la nuca y dijo: -Mi meta es trascender-  El, la observo fijamente sin poder retirar sus ojos de su silueta contra el sol, la observo aun sabiendo que ella no lo veía, intento moverse pero fue inútil, parecía un imán todo su ser se sentía atraído a ella, ese 7 mayo se encontró con la inevitable verdad, él se había enamorado.
Después de 2 años de esa injusta amistad que amenazaba con el amorío y de aquel novio retrograda y testarudo, que al parecer no había llegado a una evolución completa de homo sapiens, finalmente Luna estaba soltera y eso significaba muchas cosas, Alejandro podría enseñarle finalmente de lo que se trata el verdadero amor, Alejandro escribía canciones, hacia poemas, decía su nombre en voz baja, veía sus fotos, suspiraba (no una, sino muchas veces) estaba irremediablemente enamorado.
Este era un amor diferente al de Gary (el ex) incluso muchas veces Alejandro no entendía el porqué de la relación, si parecían tan diferentes, Gary no sabía hablar, solo gritar, Luna era emprendedora,  de voz suave y  determinada, Él era tosco, simplón dudoso de carácter pero machista de renombre.
En cambio el amor que Alejandro sentía era diferente, era paciente  cuidadoso, cuando veían una película el siempre escogía la que pensaba que a ella le gustaría, cuando hablaban de política él no tenía ideología de ese modo podía escuchar a Luna hablando horas de los problemas del comunismo y las condenas del capitalismo, las ganas de besarla eran tantas que cuando se despedían armaba pequeñas conversaciones instantáneas para que se diera una segunda, tercera y cuarta despedida.
Luna ya sospechaba del enamoramiento de Alejandro, pero debido a su impetuosa personalidad de fuerza de lucha necesitaba alguien a su lado con el cual podía tener conflictos, podía entablar una riña hasta gritar y finalmente con la pasión del momento, amarse hasta el amanecer.
Ese martes Alejandro estaba decidido, iría a la casa de Luna y la iba a mirar, iba acercar su mano a su  mentón   y deslizarlo hasta su cabello y le iba a decir, “Quiero enamorarte” en su idea conceptual del mundo Alejandro imaginaba que Luna iba a corresponder a tan simple pero letal frase e iba a caer a sus brazos derretida justo sus labios en los suyos y así compartir un beso fugas que duraría tan poco y el diría “no puedo dejar de besarte, porque no sé qué decir después”  y de un beso pasarían a los votos eternos, a las noches eternas, a las vidas eternas, tendrían hijos, nietos, bisnietos y todos seguirían hablando de ese amor que ellos algún día compartieron.
Eran las 5:30 y el timbre en la casa de Luna sonó, Alejandro ve como Luna se acerca a la ventana y se ve iluminada por la pequeña luz del pórtico y piensa para sí (hagamos un eclipse) ella sale sonriente y lo abraza 1, 2, 3, 4, 5, segundos y lo suelta.
El corazón de Alejandro está a punto de salírse de su pecho, siente como algunos palpitares resuenan en su lengua y apenas puede pronunciar palabra, -Luna vine exclusivamente para decirte algo y comprendo que el momento no sea el apropiado y la circunstancia podría ser otra, pero la insistencia de mi corazón  acalla mi razón– saca unas rosas que se encontraban ocultas como esperando sorprender a alguien y en efecto lo hizo, Luna se encontraba sorprendida  y a la vez ansiosa, ante esta muestra de afecto, Luna se encontró contra la espada y la pared (la espada era  Alejandro) aunque lo encontraba peligrosamente  atractivo e inteligente el corazón de Luna se encontraba en proceso de desintoxicación del brutal Gary.Alejandro tomo su mejía acaricio su cabello  y le dijo a unos cuantos centímetros de su boca             -Quiero Enamorarte- el cuerpo de Luna se estremeció su corazón comenzó a palpitar y sus manos se congelaron, Alejandro la tomo de la cintura y la acerco a él, ella sin nada que decir solamente escucho cuando Alejandro dijo “Quiero perderme en tu cielo” y justo cuando Alejandro está apunto de tocar sus labios, Luna hace un movimiento brusco para separarse de sus brazos y gira el rostro para la izquierda, coloca su mano sobre el pecho de Alejandro para separarlo y dice –No Ale, no creo que sea correcto-  aunque Luna tenía una intriga sublevada por probar sus labios, su luto del corazón se lo impedía,  Alejandro al ver este acto golpea levemente  la pared con su puño y pega su frente a la de ella con los ojos cerrados y dice: -Luna Mi amor, solo un beso y si después no quieres saber de mí, me voy, pero si tú te atreves yo, yo, yo comprenderé por fin la existencia de lo eterno- Luna abrumada por estas palabras esta tentada a sucumbir bajo sus brazos, sus labios, sus palabras, pero con sutileza  le coloca una mano en la mejía y le dice: -hoy no- y cierra la puerta lentamente con la mirada al suelo.
Alejandro golpea la pared con las rosas y ve al suelo, piensa por un rato y dice: -hay esperanza, faltan algunas horas para que “hoy” termine-
Camina hacia el bulevar para regresar a su casa, en eso siente un fuerte empujón en su espalda, es tan fuerte el  golpe que siente que su alma sale de su cuerpo, sus hueso parecen a ver golpeado su piel de tal forma que cae al suelo, no entiende que fue eso, intenta ponerse de pie y es inútil intenta gritar y es en vano, tiene las fuerzas suficientes para voltearse y dirigir su mirada al cielo y no lo encuentra pues mucha gente yace a su alrededor observándolo, uno llama por teléfono y dice: -un herido de bala- otros le preguntan cosas que él no entiende una señora coloca un trapo bajo su cabeza y es entonces cuando se da cuenta al ver su mano, estaba sangrando.  Luna escucha dos fuertes estruendos a las afueras de su casa seguido de un gran alboroto al abrir la puerta de su casa nota una muchedumbre, al dirigirse al grupo de gente que se reunía en la esquina del bulevar observa a Alejandro en un poso de sangre, se pone pálida y cae de rodillas a su lado, pregunta como histérica a todos –¿Qué paso? ¿Qué paso?- nadie le puede responder Alejandro la ve con los ojos desorbitados, le toca el rostro y dice: -hoy ya es mañana- ella suelta lágrimas y responde –Si  mi amor- él se desmaya y lo último que escucha es la sirena de los bomberos y a dos bomberos decir –pierde los signos vitales-

EL hoy termino con el sueño de un mañana, el mañana nunca llego